Redacción - Sin Embargo
México, incluso desde antes de la firma del TLCAN, vio en la inversión extranjera una vía rápida de desarrollo; y a las empresas que vieron en México el destino de sus plantas, se les ofrecieron todos los incentivos: desde terrenos a bajo costo o gratis, beneficios fiscales, infraestructura, recursos naturales hasta, claro, mano de obra calificada o muy barata.
Hoy, con un tratado tambaleante, el país se enfrenta a una posibilidad que, conforme el 20 de enero se acerca, se mira más real: que las empresas extranjeras dejen el país. Y si pueden hacerlo, en gran medida, es porque nunca dependieron de México y nunca tuvieron arraigo. Si Washington demuestra con Donald Trump que nunca será amigo de México, las empresas a las que se les dio todo, con más ganas.
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