Michael Spence - elEconomista.es
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la jerarquía de las prioridades económicas ha sido relativamente clara. Sobre todo se priorizaba la creación de una economía global impulsada por el mercado que fuera abierta, innovadora y dinámica, en la que todos los países puedan (en principio) prosperar y crecer. En segundo lugar (hasta se podría decir en un segundo puesto distante) estaba la generación de patrones de crecimiento nacional vigorosos, sostenibles y también inclusivos. Nada más.
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