Sandra Rodriguez Nieto - Sin Embargo
El Gobierno mexicano decretó en 1988 que invertir en el campo no era importante y que lo verdaderamente fructífero era importar. Además decidió que fuera el sector privado, mexicano y extranjero, el que le metiera dinero y cedió el territorio rural a los monopolios, dice Víctor Suárez Carrera, director de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo y también activista en el movimiento Sin Maíz no hay País. El resultado, explica en esta entrevista, fue una devastación que nos quitó autosuficiencia alimentaria y dejó grandes problemas sociales: pobreza, crimen organizado, impunidad y corrupción, entre otras.
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