José Blanco/ II - La Jornada
En mi entrega anterior formulé algunas notas sobre el surgimiento del individuo-ciudadano que se configuró con la modernidad capitalista. La divisa más conspicua que acompañó a esa configuración fue sin duda: igualdad, libertad, fraternidad. Las comunidades que vivieron en el amplio espacio del ancien régime estaban formadas por personas heterónomas, células de una unidad que era precisamente la comunidad. Por contra, conceptualmente los individuos son autónomos por antonomasia. Este nuevo individuo autónomo, y la disolución de la comunidad de la que antes era un átomo, no obstante, no podía quitarle su carácter social. Las robinsonadas son eso, y los indiviudos están obligados a vivir en sociedad. Pero ahora no los hace permanecer juntos la tierra, Tonantzin, Gaia o Pachamama; sino una declaración de voluntad (o de voluntad), nacida de la necesidad. Nos hace permanecer juntos el Estado con el que nos confundimos, al que el austriaco, filósofo y jurista Hans Kelsen identifica directamente con el Derecho. La igualdad a que hace referencia la divisa aludida apunta precisamente a la igualdad de los individuos-ciudadanos frente a ley.
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