Ni los tristes escenarios que hoy ofrece la economía mundial y que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) nos dibujaran hace unas semanas desde Lima, pueden nublar la sospecha de que algo anda muy mal en la economía mexicana y no sólo con cargo a lo que acontece en el resto del globo. Habría que empezar por admitir que en medio y de frente a la adversidad mayúscula que nos impone una crisis que no parece conocer su fin, los gobernantes y principales responsables de la conducción económica nacional dejaron de lado los pocos márgenes de libertad que nos quedaban, y como personajes de tragedia o rencarnaciones del gran estudio de Bárbara Tuchman sobre la marcha de los necios a lo largo de la historia, se dispusieron a expiar sus culpas sin tomar nota del sufrimiento ajeno.
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