Tradicionalmente, la construcción europea se ha acelerado en periodos de crisis. Tras la protagonizada por Grecia se hace necesario reforzar los mecanismos de prevención y, al tiempo, consolidar una política bancaria y fiscal común
JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ-PARAMO / El País
La profunda crisis económica de los últimos años ha generado un fuerte malestar en muchos países de la eurozona. Este sentimiento se ha manifestado con claridad en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, con el significativo aumento de representación de los partidos más eurófobos. La lentitud de la recuperación económica no ha ayudado a paliar el descontento. Y la situación se ha visto agravada por la larga y polémica negociación sobre el tercer rescate a Grecia durante el último año, y más recientemente por las reverberaciones políticas de la crisis migratoria.
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