Hace tiempo que las
ciencias sociales habían venido siendo objeto de presiones y repulsas de
diverso tipo en el seno de algunas universidades. Todo indica que el
asunto tomó mayores vuelos durante el insólito gobierno de la señora
Margaret Thatcher y el del señor Ronald Reagan. Se sabe bien que a sus
18 años la dicha señora leyó a Friedrich von Hayek en su libro Camino de servidumbre,
que es una muy torpe invectiva contra la más mínima forma de
intervención del Estado en la economía; pero ella quedó fascinada y con
la mente embotada para leer cualquier otra tesis de índole distinta. El
librito se convirtió en su biblia. Hayek le hizo saber que
la sociedad no existe; existen hombre y mujeres individuales, la sociedad es un invento de las ciencias sociales. Por inaudito que parezca, esa era la racionalidad inglesa que embrutecía la cabeza de Thatcher.
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