jueves, 16 de abril de 2015

NO DISPAREN AL ECONOMISTA

Cuando las cosas se ponen mal, los miembros de la profesión reciben bofetadas por la supuesta inutilidad de sus análisis. Se confunde el reto de prevenir y solventar problemas con la obligación de saber lo que va a venir
SANTIAGO CARBÓ VALVERDE / El País
En algunas escenas de las primeras películas tipo westernen el cine mudo, se sucedían las disputas e insonoros tiroteos en la cantina y se podía apreciar un cártel con el mensaje: “No disparen al pianista”. La convulsión propia de una crisis de las dimensiones de la que hemos vivido y aún sufrimos ha otorgado un lugar central al debate económico, pero en muchos casos demasiados disparos van en la dirección incorrecta. Los economistas son ahora tanto o más necesarios que antes y merecen reproches, pero no pueden ocupar la centralidad que muchos quieren asignarles en la diana del desahogo.

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