Cuando las cosas se ponen mal, los miembros de la profesión reciben bofetadas por la supuesta inutilidad de sus análisis. Se confunde el reto de prevenir y solventar problemas con la obligación de saber lo que va a venir
SANTIAGO CARBÓ VALVERDE / El País
En algunas escenas de las primeras películas tipo westernen el cine mudo, se sucedían las disputas e insonoros tiroteos en la cantina y se podía apreciar un cártel con el mensaje: “No disparen al pianista”. La convulsión propia de una crisis de las dimensiones de la que hemos vivido y aún sufrimos ha otorgado un lugar central al debate económico, pero en muchos casos demasiados disparos van en la dirección incorrecta. Los economistas son ahora tanto o más necesarios que antes y merecen reproches, pero no pueden ocupar la centralidad que muchos quieren asignarles en la diana del desahogo.
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