Alfonso Zárate / El Universal
Somos un país de apariencias, de simulaciones. Como ocurre con la contradiccción entre el discurso político y la realidad, detrás de la fachada de modernidad que ostentan algunas ciudades del país -Querétaro, Puebla, Guadalajara y la ciudad de México, entre otras-, está la profundización de un desorden urbano que está desquciando la vida de enormes colectividades y las afectará en el futuro
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