- Obama dice que el acercamiento a Cuba es “un punto de inflexión para toda la región
- Castro elogia la honestidad del presidente de EE UU
Jan Martínez Ahrens
PANAMÁ / ENVIADO ESPECIAL / El País
La historia, a veces, se detiene en una fotografía. El tiempo queda
atrapado en ella y aflora el espíritu de una época. Ocurre en pocas
ocasiones, y la Cumbre de las Américas ha sido una de ellas.
Por primera vez en más de cincuenta años, un presidente de Estados
Unidos y otro de Cuba hablaron cara a cara en una reunión. El encuentro
en Panamá entre Barack Obama y Raúl Castro, dos mitos políticos en el
crepúsculo de sus carreras, marca el fin de una época y trasciende los
límites estrechos y formales de la cumbre. Con la imagen del apretón de manos, el siglo XX americano muere finalmente y se abre una nueva etapa.
Un periodo largo e incierto frente al que el presidente de la nación
más poderosa del mundo ofreció a sus homólogos continentales un nuevo
orden, lejos “de las ideologías del pasado”. “Nuestras naciones deben
liberarse de los viejos argumentos, debemos compartir la responsabilidad
del futuro. Este cambio es un punto de inflexión para toda la región”,
afirmó Obama.
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