lunes, 19 de mayo de 2014

LA EUROPA INFELIZ

La visión pesimista del futuro en el Viejo Continente, sumada a la debacle económica y al descrédito de los gobernantes, nos invitan a pensar en un camino equivocado. Quien lo tiene todo siempre teme perderlo
Jordi Soler / El País
El escritor Henry David Thoreau, mosqueado y descontento con los cambios violentos que el progreso, a mediados del siglo XIX, empezaba a producir en su país, se fue a vivir solo en el bosque, en una cabaña que construyó él mismo, para pensar una estrategia personal que lo mantuviera a salvo de ese progreso, que ya desde entonces avanzaba de manera salvaje y que él vislumbraba como una auténtica amenaza. Era la época en que la máxima velocidad, la del caballo, había sido desplazada por la velocidad del tren, que era un medio de transporte tirado por una máquina que prescindía de los animales, es decir, de la naturaleza; y esta situación hacía que Thoreau mirara al tren como el enemigo de su proyecto de vida.

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