Enrique Quintana / El Financiero
Imagine usted está escena. El paciente está en un hospital y llega
corriendo el médico a decirle: “Le tengo buenas nuevas. Ya sabemos lo
que usted tiene. Su problema es que está en fase recesiva”.
Seguramente
el paciente miraría al doctor con cara de “what”. Y el médico le podría
consolar diciendo que la gran ventaja es que no hay recesión que dure cien años (ni paciente que los aguante) y que seguramente el susodicho la superará a la vuelta del tiempo.
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