Santiago Carbo Valverde / El País
Cuando el bono soberano andaba por histéricas cumbres,
algunos economistas —pastilla contra la hipertensión en mano— advocábamos por
seguir manteniendo un esfuerzo reformista pero, además, por recibir un empujón
financiero que, añadido al esfuerzo propio, pudiera lanzar a España por el
tobogán de la recuperación y por una senda de confianza. Hoy da la sensación de
que ese columpio existe, pero bajamos por él como un niño en su primera vez,
hincando talones en los lados para evitar caer muy rápido y hacernos daño. Da
la sensación de que el tobogán quema o no es suficientemente seguro.
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