Manuel Pérez Rocha / La Jornada
Hace unos días murió
Gary Becker. Prestar atención a este académico de la Universidad de
Chicago se justifica por su influencia en ciertos ámbitos (véase por
ejemplo el Financial Times y el Washington Post de
estos días) a pesar del nulo valor intrínseco de sus teorías,
calificadas por algunos de sus críticos como charlatanería. Becker,
premio Nobel de Economía, fue el exponente más crudo de la ideología que
constituye el cemento
subjetivodel criminal sistema político-económico que domina el mundo, ideología que se presenta como una
cienciaque invade ámbitos públicos y privados. Incluso en la otrora crítica Facultad de Economía de la UNAM hoy se atribuye en exclusiva el título de
teoría económicaa la corriente ideológica llevada por Becker a sus extremos; en el plan de estudios de esa escuela todo lo demás –Keynes, Marx y muchos otros– se amontona en un amasijo sin concierto titulado
economía política, cuyas propuestas ahí no reciben siquiera la categoría de
otras teorías económicas.
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