Maciek Wisniewski* / La Jornada
El capitalismo funciona
y logra sobrevivir –entre otros– gracias a un hábil uso de diferentes
tiempos y velocidades. Por un lado requiere de rapidez y de ligereza
para mover el capital y las mercancías; por otro, la lentitud y dilación
son indispensables para conservar el orden social. En el intervalo
entre los dos tiempos florece la ideología que se nutre de sus desfases.
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