Un acuerdo transatlántico de libre comercio es decisivo para la maltrecha economía del Viejo Continente
José María Beneyto / El País
El resultado más tangible de la reciente cumbre del G-8 en Irlanda del
Norte es la decisión de abrir las negociaciones sobre un gran pacto
transatlántico comercial, que incluya no solo eliminación de aranceles
aduaneros, sino también armonización de los estándares regulatorios en
campos tan sensibles para el comercio transatlántico como las
telecomunicaciones, la energía, la industria manufacturera, los
automóviles, o —sin duda, más complejo— los niveles de protección
medioambientales o fitosanitarios. La primera ronda de negociaciones
arrancó ayer en Washington. Ambas partes esperan concluirlas a finales
del año que viene, coincidiendo con el término del periodo de la actual
Comisión Europea y las elecciones legislativas parciales en Estados
Unidos.
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