"Los
tiempos han cambiado y yo también. Antes era un candidato, ahora soy el
presidente”
Antonio Caño Washington / El País
Un nuevo
Barack Obama, que no predica esperanza sino paciencia, que no promete el cambio
sino la continuidad, que no reclama fe sino sacrificios, pidió ayer el voto de los norteamericanos para culminar la construcción de
un país mejor y evitar el retorno a un pasado reciente y funesto. El presidente
remarcó el contraste entre dos modelos de sociedad, y defendió su apuesta por
una nación de ciudadanos comprometidos con el bienestar colectivo frente al
sálvese quien pueda que proponen sus rivales.
Evidentemente,
no fue el Obama de 2008. Quienes buscasen con el discurso pronunciado en la
noche del jueves en el cierre de la convención demócrata, en Charlotte, repetir
las emociones de hace cuatro años, seguramente acabaron frustrados. Él mismo lo
admitió: “Reconozco que los tiempos han cambiado desde la primera vez que me
dirigí a esta convención. Los tiempos han cambiado y yo también. Antes era un
candidato, ahora soy el presidente”.
Y fue
desde esa posición, desde la de un presidente experimentado en una grave crisis
económica y en difíciles problemas internacionales, desde la que trató de
ganarse la confianza del electorado, no el de su partido, no el del partido
rival, sino a los millones de votantes centristas independientes que, a esta
altura de la campaña, buscan, sin la pasión de los militantes, en quién se
puede confiar para dejarle el país en sus manos.
Desde esa
perspectiva, Obama presentó su causa con solidez y solvencia, sin fuegos
artificiales, sin la lírica que en otros tiempos acompañaba sus discursos, pero
con la claridad necesaria como para que el público entienda cuál es su
alternativa en noviembre:
“Todo lo
que ellos tienen que ofrecer”, dijo, “son las mismas recetas que han aplicado
durante 30 años. ¿Tenemos superávit? Recortemos los impuestos. ¿Tenemos
déficit? Volvamos a recortarlos. ¿Sientes que te vas a resfriar? Reduce los
impuestos otras dos veces, elimina unas cuentas regulaciones y vuelve a verme
mañana”.
A cambio,
Obama advirtió que se va a oponer a un nuevo recorte de impuestos a los
ingresos altos y que insistirá en la protección de la clase media por encima de
todas las cosas, en la ayuda a las empresas que invierten en Estados Unidos,
que crean puestos de trabajo y exportan sus productos, a la innovación, a las
energías alternativas y a la educación de los trabajadores para los empleos del
futuro.
El
presidente aseguró que los norteamericanos “tienen ante sí la decisión más
difícil en una generación” porque se trata de elegir sobre qué base, sobre qué
tipo de sociedad, se intenta mantener la grandeza de este país a lo largo de
todo el siglo. ¿Una sociedad de individuos regidos por las leyes del mercado o
una sociedad de ciudadanos amparados por la ley y el Estado?
“Nosotros
no creemos que el Estado pueda resolver todos nuestros problemas”, manifestó,
“pero tampoco creemos que sea la fuente de todos los problemas, como no creemos
que lo sean los que cobran la asistencia social, o las corporaciones, o los
sindicatos, o los inmigrantes, o los gays, o ningún otro grupo a los que se
echa la culpa de nuestros problemas”.
“Nosotros
insistimos en la responsabilidad personal y celebramos la iniciativa
individual”, añadió. “No tenemos garantizado el éxito, tenemos que merecerlo.
Rendimos honores a los luchadores, a los soñadores, a los que asumen los
riesgos que mueven el sistema de libre empresa, el mayor motor de crecimiento y
prosperidad que el mundo ha conocido nunca. Pero también creemos en algo
llamado ciudadanía, una palabra que está en el corazón de nuestros fundamentos,
en la esencia de nuestra democracia, la idea de que este país solo funciona
cuando aceptamos ciertas obligaciones de unos con otros y con las futuras
generaciones”.
Ese
modelo es el que Obama dice haber empezado a construir durante su presidencia y
el que quiere continuar durante cuatro años más. “No pretendo que el camino que
les ofrezco sea fácil; nunca lo ha sido”, advirtió, en términos churchillianos,
“pero conduce hacia un lugar mejor”.
Y qué
mejor conductor para ese trayecto, continuó Obama, que alguien que ha
demostrado fortaleza para defender al país, con la muerte de Osama Bin Laden, y
sabiduría para evitar la quiebra de la industria del automóvil. Con esas mismas
armas intentará ahora acabar con el paro, que sigue siendo, como demostró el
índice anunciado ayer –un 8,1%-, el problema más urgente.
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