En España tenemos empresas muy competitivas pese a
que el entorno no ayude
El buen comportamiento de la
exportación de bienes y servicios es expresión irrefutable de que tenemos
tejido productivo para tirar adelante
Francesc Granell / El País
Nuestra
economía está pasando por un muy mal momento. Los niveles de desempleo han
llegado a niveles que en otros países parecerían insostenibles y la situación
presupuestaria nos está abocando a un rescate por mucho que queramos
encontrarle otro nombre.
Todo
parece estar, hoy, en cuestión: se habla, incluso, de que algunas de las
instituciones creadas por la Constitución y que en la práctica están resultando
muy caras de mantener podrían desaparecer. La inamovilidad de los funcionarios
está más que cuestionada, el Estado del bienestar, que con tanto esfuerzo hemos
ido construyendo a lo largo de muchos años, resulta no ser sostenible, el FMI y
el BCE nos dicen que nuestros niveles salariales son excesivamente altos pese a
la opinión en contra de la OIT y, evidentemente, de los sindicatos españoles y
de los asalariados de la Piel de Toro.
Ni los
Gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero ni el Ejecutivo de Mariano Rajoy han
sido ni son capaces de haber convencido a los mercados de que pueden adoptar
las decisiones necesarias para sacarnos del enredo y, mientras tanto, el número
de parados crece, la brecha presupuestaria del Gobierno central, las Autonomías
y los Ayuntamientos sigue sin arreglarse. Ello obliga a lanzar emisiones en
unos mercados que solo nos prestan a altos tipos de interés, congruentes con la
alta prima de riesgo con que se nos percibe y la gente de la calle ve cómo los
derechos que parecían consolidados van evaporándose, por más que los sindicatos
tomen la calle o amenacen con huelgas.
Dicho
esto, hace ya tiempo que se ha puesto de moda decir que tenemos que cambiar de
modelo productivo para que las cosas vayan mejor y esto me parece ingenuo y
hasta ridículo.
Es obvio que nuestro modelo productivo actual es
mejorable en muchos de sus componentes y es cierto, también, que el sector del
ladrillo que tan bien funcionó para hacernos ver optimistas visiones de crecimiento
rápido ha dejado de tirar del carro que durante años marchó arrastrando a
nuestro sector financiero a una borrachera de actuaciones que han hecho que
nuestros bancos se lanzaran a unos niveles de endeudamiento exterior que ahora
nos pesan y mucho.
Pero es
también cierto que esta España en crecimiento actualmente negativo no puede
cambiar de modelo de por la sencilla razón de que el patrón de crecimiento
productivo no se genera de sopetón sino como consecuencia de ajustes más o
menos dolorosos.
Piénsese,
además, que hay sectores que no quieren cambiar de modelo porque el actual ya
les ha generado dinámicas positivas. Han sabido adaptarse a los retos que la
globalización ha planteado.
Hace unos
pocos días, leíamos en los periódicos que Amancio Ortega es la tercera fortuna
del mundo tras el éxito que ha cosechado Inditex. Hace otros pocos días,
veíamos que, pese a la crisis financiera, algunos de los primeros bancos
españoles están entre los mejores del mundo. Se nos ha repetido por activa y
por pasiva que el Tren de Alta Velocidad en el que los peregrinos árabes irán a
La Meca se hará por un consorcio español y estamos viendo que las empresas
constructoras que se engrandecieron con la etapa “ladrillera” española están
ahora ganando concursos internacionales de tanta importancia como la ampliación
del Canal de Panamá, la construcción del túnel del Bósforo, instalaciones de
energías alternativas en Australia o Estados Unidos, redes de autopistas o
gestión de aeropuertos y hasta una empresa (Grifols) es considerada una de las
pocas estratégicas mundiales por el Pentágono. Una empresa española ha
suministrado equipos para investigar la superficie de Marte con el Curiosity.
Estos son
algunos ejemplos que nos indican a las claras que no hay que ser derrotistas y
pensar que el pinchazo a la burbuja inmobiliaria va a condenarnos a la nada. Es
cierto que el pinchazo de la burbuja ha supuesto un recorte del 10% del PIB lo
cual, acompañado por la mala coyuntura internacional y una serie de decisiones
políticas inadecuadas nos han metido en la crisis en la que estamos; pero, como
empiezan a decir los alemanes para —esto sí, autoexculparse—, la situación de
España se podrá superar porque aquí tenemos muchas empresas capaces que no
esperan ninguna revolución del modelo productivo, sino ir trabajando día a día
para mejor insertarse en la división mundial de trabajo y para ir proyectándose
al mercado global con esfuerzo y dedicación.
Decir que
la economía española necesita un cambio en su modelo productivo puede sonar muy
bien, pero se me antoja como una afirmación que olvida que aquí tenemos
empresas perfectamente competitivas pese a que el entorno no ayude.
El buen
comportamiento de la exportación de bienes y servicios —con la ayuda, esto sí,
de algunas multinacionales que nos han insertado en sus cadenas de valor
añadido— es, me parece, expresión irrefutable de que tenemos tejido productivo
para tirar adelante por mucho que las cifras de desempleo y los recortes en el
Estado del bienestar nos hagan pensar que aquí hay que cambiarlo todo.
Francesc
Granell es
catedrático de Organización Económica Internacional de la Universidad de
Barcelona.
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