Jesús Alberto Cano Vélez / Excélsior
La planta productiva nacional podría elevar su ritmo de producción de
bienes y servicios y con ello aumentar el ingreso nacional más allá de
dos por ciento anual del Producto Interno Bruto (PIB) en las últimas
tres décadas. Pero para ello se requiere un sistema bancario más ágil,
con mayor colocación de crédito y más compromiso con las necesidades del
país.
La banca comercial mexicana es muy sólida, como lo reporta la
Comisión Nacional Bancaria y de Valores, y lo evidencian sus
indicadores, que atestiguan un elevado nivel de capital y reservas, muy
alta rentabilidad, un bajo índice de morosidad en créditos y una
estructura de la cartera de crédito sin riesgo, por estar concentrada
casi al 50 por ciento en el sector gobierno, por tanto, garantizada.
Son, en su preponderante mayoría, actividades financieras ofertadas
por una banca que es extranjera; de diversos países y bancos de gran
prestigio, como son: Banamex, de la estadunidense Citicorp de Nueva
York; Bancomer y Santander, empresas ambas españolas; el Scotiabank de
Nueva Escocia, Canadá; y el Hong Kong Shanghai Banking Corporation
(HSBC), del Reino Unido.
Son fuertes y sanos, pero el único problema es que dan muy poco
crédito a las empresas del sector productivo, en comparación con lo que
ocurría antes en México y con lo que acontece hoy en los demás países
latinoamericanos, como lo reflejan los indicadores de profundización
financiera de México, que son inferiores a los de la mayoría de nuestros
pares del continente.
Aproximadamente 45 por ciento del activo en su balance es cartera
crediticia, con lo cual la banca, prácticamente sin prestar y asumir
riesgos, genera alta rentabilidad.
Además, 22 por ciento de su margen financiero proviene de comisiones por actividades no crediticias.
Lo anterior evidencia que la banca comercial mexicana, sin consumir capital, o tomando muy pocos riesgos, es altamente rentable.
México necesita un sistema financiero más activo, apoyador de la actividad empresarial y promotor del desarrollo.
Se estima que los cinco bancos citados podrían incrementar sus
activos crediticios en casi 400 mil millones de pesos sin que su índice
de capitalización (ICAP) comprometiera la sanidad de su estructura de
capital.
Es decir, hay espacio para la toma sana de riesgos, especialmente ante el reducido valor del índice de morosidad.
Por su parte, la Banca de Desarrollo representa aproximadamente 20%
del sistema bancario en activos, y la integran entidades bancarias como
NAFIN, BANCOMEXT, BANOBRAS, BANSEFI, SHF, FIRA Y FINRURAL, además de los
fondos y fideicomisos financieros de fomento. De esos, Nacional
Financiera y Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos representan 70
por ciento del activo, aproximadamente 36 mil millones de dólares.
Es un sector ahora sólido, en promedio, con un índice de
capitalización (ICAP) de 15 por ciento y un capital neto de 5.4 mil
millones de dólares; no obstante que algunas de sus entidades, como la
SHF, han sufrido el impacto de la reciente crisis de las Sofoles
(sociedades financieras de objeto limitado).
En su gran mayoría, la operación de éstas es sólo de segundo piso,
con la excepción de Banobras, lo que ha permitido consolidar los
balances y mantener la estructura de costos relativamente baja.
Igual que en el caso de la banca comercial, arriba analizada, se
puede afirmar que la banca de desarrollo también tiene una capacidad
instalada y los recursos para apoyar la reactivación económica de
México.
Sólo se necesita promover medidas y dar la protección de políticas públicas que puede generar el Estado.
*Presidente electo del Colegio Nacional de Economistas, Federación de Colegios de Economistas, A.C.
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