Adriana
Berumen Jurado, estudiante de Maestría en Desarrollo Humano en el Instituto
Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), y becaria del CEEY.
Me decía
mi papá, “tienes que estudiar porque no quiero que seas jornalero como yo. El
albañil enseña a su hijo a ser albañil, el paletero le enseña a ser paletero,
el músico le enseña a ser músico; yo soy jornalero, yo no quiero que tú seas
jornalero, no quiero que seas como yo. Vete, estudia y a ver qué haces”.
Entonces no salí como mi papá porque no quiso él.
Así habla
de su niñez José, hijo de campesinos y hoy funcionario público de su localidad,
cuya población es de 7 mil 744 habitantes. Él es uno de los casos de movilidad
ascendente de largo tramo que participan en la investigación sobre Movilidad
Social y Capital Social en México, realizada actualmente por el Centro de
Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) y dirigida por Juan Enrique Huerta Wong.
Como
José, otros entrevistados que de pertenecer a una clase social baja, llegaron
con el paso del tiempo a formar parte de una muy alta (lograron una movilidad
ascendente de largo tramo), hablan de los consejos y las acciones paternas que
los motivaron a buscar mejorar su situación socioeconómica. Y es que como explica
Richard Simpson, profesor de la Universidad de Kansas, en su texto Parental
influente, anticipatory socialization, and social mobility, la comunicación
familiar puede compensar las desventajas asociadas a una clase social, en
términos de ambición profesional. Es relativamente probable, dice, que un joven
proveniente del estrato bajo busque la educación superior, si sus padres lo
incitan a hacerlo (si lo orientan al logro). Al contrario, es poco posible que
aspire a una movilidad ascendente, si sus progenitores no ejercen sobre él una
presión en esta dirección.
Kristen
Lucas, de la Universidad de Nebraska-Lincoln, plantea en su artículo
Socializing Messages in Blue-Collar Families: Communicative Pathways to Social
Mobility and Reproduction, que dichos mensajes parentales se transmiten
comúnmente de tres distintas formas: directa o indirectamente, y por ambiente
(que incluye la omisión). Todos estos pueden presentarse a manera de
conversaciones, consejos, narración de una historia, o como ejemplo de trabajo,
entre otras formas.
Los mensajes
directos son aquellos que, aunque pueden transmitirse de forma suave o
fuerte, buscan explícitamente influenciar las decisiones de estudio, trabajo o
carrera de quien los recibe. Estos se expresan comúnmente en forma de consejo o
aviso, como en el caso de José, o como en el de Luis, también proveniente de
una familia campesina, hoy dueño de una empresa exportadora y quien lo
ejemplifica de la siguiente manera:
A
nosotros nos educaron bajo un esquema de que siempre tenía que irnos bien, que
si no nos iba bien en las clases, no estudiábamos. “Simplemente te necesito
aquí [en el campo]”, era lo primero que me decía mi papá, “tú te vas a estudiar
pero recuerda que te necesito aquí. Si tú no me das los rendimientos escolares
satisfactorios, pues te integro nuevamente a tu trabajo, tu trabajo está aquí”.
Entonces nosotros nos íbamos a estudiar con la idea de cumplir a satisfacción
el esquema que nos marcaban.
Por su
parte, los mensajes indirectos son expresiones sobre aspectos generales
de trabajo o carrera, sin que dichas emisiones se relacionen particularmente
con la labor o la carrera del receptor. Estos tienden a manifestarse en
forma de historias sobre las experiencias de trabajo de los padres, comentario,
proverbios, consejos y reglas referentes a temas laborales y de educación. La
siguiente cita de Jorge, hijo de inmigrantes italianos en situación de pobreza,
y hoy dueño de su propia empresa, ejemplifica este tipo de comunicación:
Para
mis papás un rico era una profesional. Eso yo lo tengo muy grabado en la
cabeza, yo siempre pensé que ser rico era comprar un carro y no deberlo […] Mi
mamá decía “mira él, qué rico” y era porque traía un carro más o menos nuevo.
Vamos, yo tenía otro concepto de lo que era rico, mis límites estaban muy por
debajo de lo que después me tracé.
Finalmente,
los mensajes por ambiente o ambientales son la vía por la cual un
individuo extrae significados de señales contextuales, en lugar de participar
en un intercambio comunicativo. Aunque estos no se articulan verbalmente, sí
dibujan poderosas conclusiones. Para ser considerados como tales, en los
mensajes ambientales las personas deben encontrar la relación explícita entre
un resultado profesional y una observación particular sobre su familia. Dichos mensajes
se relacionan, por ejemplo, con la exanimación de su contexto, la
experiencia de ver a los padres trabajar o estudiar, y la observación de cómo
la sociedad o miembros de la familia enfrentan ciertas situaciones
problemáticas. De nuevo, la historia de José ejemplifica esto:
Tuvimos
necesidad de dejar de ser burros pues porque en el campo te dan unas chingas,
tienes que trabajar desde que te pones en tu surco y ahí sí sabes lo que es
trabajar hasta las doce horas del día. Ya sabes lo que es tu trabajo donde no
te puedes levantar tarde porque tienes que rendir y trabajar, y pues eso te dan
ganas de salir adelante y de mejorar tu vida […] Las chingas que me daban en el
campo no eran para que me rajara yo: o el campo o la escuela. Para mí la
escuela era algo relax; la comparaba con las chingas que me daba en el campo y
yo iba a la escuela a relajarme, yo decía “en la escuela no hago nada y
aprendo”.
Los
mensajes por omisión son
también parte de los ambientales. El significado de estos se deriva de lo que
no se discute en la familia. A menudo, los mensajes de omisión que se
relacionan con la educación, tienden a desfavorecer la movilidad ascendente.
Tal es el caso de Marco, obrero que se mantuvo en el estrato bajo en el que
nació (presenta una inmovilidad socioeconómica):
Entrevistador:
¿Usted cree que tuvo mejores oportunidades que sus padres?
Marco:
Sí. Yo no quise estudiar, por eso.
Entrevistador:
¿Y sus padres?
Marco: Ellos
no tuvieron la oportunidad de estudiar.
Entrevistador:
¿Y usted por qué no siguió?
Marco:
Tuve la oportunidad, pero no quise.
Entrevistador:
¿Sus padres sí lo impulsaban para seguir estudiando?
Marco:
No, ya no quise
Entrevistador:
¿Y eso fue al terminar la secundaria?
Marco: Al
terminar la secundaria.
Entrevistador:
¿Sus padres hacían hincapié en que estudiara?
Marco:
No, pues no.
Aunque el
emisor puede variar, los hallazgos de Lisa Bradford, Jessica Buck y Renée
Meyers, publicados en su texto Socializing Messages in Blue-Collar Families:
Communicative Pathways to Social Mobility and Reproduction, indican que son
las madres quienes más frecuentemente utilizan la comunicación directa,
mientras que los padres prefieren el ejemplo. Cualquiera que sea el caso, es de
destacar que aunque esta comunicación por parte de los progenitores funge como
marca inicial para el logro educativo y profesional de sus hijos, lo cierto es
que los individuos de segunda generación no se comportan de forma pasiva ante lo
que estos les dicen o no. Una negociación de las personas con los mensajes que
reciben de su familia, su contexto, experiencias y relaciones sociales,
determinan también en gran medida su capacidad de aspiración y por ende, las
acciones que las llevarán al crecimiento socioeconómico.
Fuente:
El Financiero
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