Por una parte, la situación en la zona euro empeora. Por la otra, en
EU la polarización entre demócratas y republicanos hace difícil
anticipar un buen año. Hoy es un lugar común celebrar que el Banco
Central Europeo (BCE) haya decidido, en contra del banco central alemán,
el Bundesbank, hacer compras ilimitadas de bonos soberanos españoles e
italianos con la intención de evitar un colapso, primero de España y
luego probablemente de Italia.
Los que celebran ignoran, sin embargo, que con esta acción el BCE se
mete aun más en un laberinto de alto riesgo para toda la zona y no sólo
para su periferia. La escala del rescate que requiere solamente España,
en donde la deuda pública ya tiene que contabilizarse como si absorbiera
a gran parte de la deuda privada en manos de bancos, es un mal augurio
para las limitadas finanzas alemanas.
En EU hay una situación menos desesperada que la europea, pero
también preocupante. La Reserva Federal (el Fed), con todo y que tiene
margen de maniobra financiera y legal mucho mayor que el BCE, también
enfrenta límites para seguir ampliando sus compras de valores privados y
con ello manteniendo el interés artificialmente bajo.
El Fed ha seguido esta estrategia en parte porque Roosevelt combatió
la Gran Depresión con aumento de gasto público y a costa de altos
déficits y el pensamiento dominante desde entonces dice que esto es lo
que procede en condiciones de debilidad. Sin embargo, la expansión de
gastos de Obama ya enfrenta furiosa oposición republicana,
independientemente de que nadie sabe cómo se solventará la deuda pública
de casi 100% de su producto nacional.
Ambos regiones, Europa y Estados Unidos, y ambos bancos centrales
juegan con fuego. Es más, hacen que la caída de la confianza en
cualquiera de ellos arrastre al otro a una nueva espiral depresiva.
Sin duda, el hilo más delgado se encuentra en Europa, en donde el
voto de Alemania fue vencido por el de la mayoría de países miembros del
euro, a quienes generosamente extendió el beneficio de una moneda
común. Esto en gran medida para que el presidente Mitterrand, en los
años 80, no objetara su reunificación tras la caída del Muro de Berlín.
La objeción del Bundesbank es correcta porque el tratado monetario
prohíbe hacer rescates y al BCE le prohíbe financiar a gobiernos, lo que
claramente hace al comprar los bonos soberanos. El BCE, en cambio,
argumenta que los precios de bonos están demasiado castigados, por lo
que las tasas de interés están en niveles exagerados y con ello hacen
imposible la estabilización de las deudas de esas economías. Puede ser,
pero es de dudarse que el BCE sepa cuáles son los precios y las tasas de
interés correctos. Se confunde con frecuencia al BCE con un prestamista
de última instancia, lo cual no es, como el Fed, pues no tiene a un
departamento de tesoro nacional que lo apoye ilimitadamente con la
recaudación. Tampoco lo permite su mandato. El rompimiento más próximo
está en la pérdida de credibilidad del Banco, o bien en que en algún
país la población no aguante el ajuste económico impuesto.
En estas aguas navega México. Nada pasará si el gobierno simplemente
no hace nada en caso de un desplome externo. Sólo que no habría
crecimiento y esto no le ganaría la aceptación buscada al nuevo
gobierno.
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