Ciro Murayama / El Universal
En los últimos seis años la población económicamente activa creció en
6.45 millones de personas (16%), pero la población ocupada aumentó sólo
en 5.53 millones (13%). El desempleo, en estos años, ha alcanzado un
monto histórico de 2.5 millones, 963 mil más (64%) que cuando inició la
administración de Calderón. Estas cifras, tomadas del VI Informe de
Gobierno presidencial, evidencian que en el sexenio se profundizó el
desequilibrio en el mercado de trabajo: hubo más personas incorporándose
a la actividad económica que número de ocupaciones generadas.
Pero el problema no es sólo en términos de empleo contra desempleo,
sino de la calidad del empleo. Los puestos de trabajo con acceso a las
instituciones de salud (que pueden leerse como los empleos asalariados
formales) creados en el sexenio, fueron un millón 475 mil, mientras que
los trabajadores subordinados nuevos que no tuvieron acceso a la salud
por su trabajo fueron más de 4 millones. El saldo es claro: por cada
empleo formal en el país se crearon 2.7 ocupaciones desprotegidas, por
lo que la precariedad laboral aumentó.
En lo que toca a las remuneraciones, los trabajadores que ganan hasta
un salario mínimo aumentaron en un millón 430 mil, lo que implica 27%
más que hace seis años. Quienes ganan más de uno y hasta dos salarios
mínimos aumentaron en 2.4 millones (28%) y los que perciben más de dos y
hasta tres salarios mínimos se incrementaron en un millón 27 mil (14%).
Sin embargo, disminuyó el número de perceptores de más de tres y hasta
cinco salarios mínimos en 679 mil personas (-9%) y, sobre todo, se
redujo en 1.3 millones (-26%) el número de mexicanos ganando más de
cinco salarios mínimos. Así, mientras en 2007 un total de 5.1 millones
de trabajadores recibían más de cinco salarios mínimos (unos 300 pesos
diarios de hoy), para 2012 lo consiguen sólo 3.8 millones. Aumenta la
cantidad de trabajadores mal pagados y disminuyen los asalariados con
remuneraciones decentes.
Es revelador, también, lo que ha ocurrido con el empleo incorporado a
la seguridad social. Los trabajadores afiliados al IMSS aumentaron sólo
en 10% durante el sexenio (cuando el empleo asalariado lo hizo a 16%),
pero del millón 538 mil afiliados adicionales, sólo 982 mil fueron
permanentes. Así, la cobertura de la seguridad social va a la zaga de un
mercado de trabajo de por sí lento e insuficiente para incorporar a más
del millón de personas que, cada año, empieza a buscar empleo.
Por cierto, de acuerdo con las cifras del VI Informe, entre octubre
de 2008 y mayo de 2009, en México se destruyeron 696 mil empleos
formales. Los empresarios pudieron despedir en esos siete meses a
prácticamente la mitad de los trabajadores que se consiguió afiliar al
IMSS en el sexenio. Pero para agosto de 2010 el empleo destruido se
había recuperado en 725 mil plazas. Eso quiere decir que en México
durante la crisis se destruye mucho empleo formal, pero que también es
elevada la creación en la fase de recuperación. Eso es signo no de
rigidez del mercado de trabajo, sino de lo contrario. La baja creación
de empleo tiene que ver más con el bajo desempeño económico de nuestra
economía que con la actual ley laboral.
Las cifras de informalidad laboral que ofrece el VI Informe, tomadas
del INEGI, señalan que de los 48.4 millones de trabajadores
subordinados, 18.1 son informales (37%). Si bien se trata de un dato
revelador de la precarización laboral, lo cierto es que utilizando las
metodologías más recientes de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) en materia de informalidad, el porcentaje en nuestro país sería
mucho mayor y se acercaría al 60%. Es hora ya de que el autónomo INEGI
empiece a publicar datos de informalidad con base en la metodología
actual de la OIT.
En suma, un sexenio de ocupación insuficiente, en su mayoría
desprotegida y cada vez más mal pagada. Si es la presidencia del empleo,
será del precario.
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