Creemos necesario resaltar 10 mensajes que expresan
valores esenciales de convivencia y progreso. No agotan los ámbitos de debate y
acción que deberían orientar la socialdemocracia, pero ejemplifican los retos y
propósitos básicos que deberían conformar su estrategia de futuro
Desde un
enfoque global que reivindica el poder de la política y la democracia para
transformar el mundo, que defiende un modelo social más equitativo y que
apuesta por un desarrollo económico más eficiente y sostenible, creemos
necesario resaltar 10 mensajes que expresan valores esenciales de convivencia y
progreso. Se trata de ideas básicas, hoy cuestionadas por la derecha ideológica
o por la práctica reciente de políticas supuestamente socialdemócratas.
1. No hay
progreso social sin redistribución de la riqueza. Muchos decían que el crecimiento
económico se traduciría en mayores dosis de igualdad económica y bienestar
colectivo. Pero las desigualdades se han agravado por el impacto asimétrico de
la crisis actual. Hay que apostar por un sistema de protección social de amplia
cobertura, pero también por unos ingresos suficientes para su financiación. Y
ello requiere un sistema tributario potente, que recaude con generalidad,
equidad y progresividad. No es sólo una cuestión ética, de justicia social,
sino de eficiencia económica. Porque la inclusión social y la reducción de las
desigualdades es fuente de expansión económica y, en consecuencia, de mayores
capacidades de desarrollo para todos.
2.
Educación y sanidad públicas, de calidad, universales y gratuitas. El pacto social del que resulta
el compromiso de financiar una educación y sanidad públicas de calidad,
universales y gratuita se está resquebrajando a velocidad alarmante. Frente a
tópicos y falacias que se presentan como verdades incontestables, debemos
oponer los argumentos que han permitido forjar este patrimonio social común: la
calidad de la provisión pública de estos servicios, las ganancias en equidad,
productividad y cohesión social derivadas de un sistema público de enseñanza o
los avances que nos han convertido en referente en materia sanitaria. La
educación y la sanidad públicas, a las que todos tengan acceso sin importar su
capacidad económica o condición social, son la mejor garantía de una vida digna
para los ciudadanos, con independencia de su origen.
3.
Democracia es participación, no sólo votar cada cuatro años. El alejamiento de la sociedad y
las limitaciones en la participación interna de los partidos explican buena
parte de la pésima consideración que los españoles tienen de la clase política.
Lo cierto es que los partidos ganan eficacia y legitimidad cuando son capaces
de tomar el pulso de la ciudadanía y de transformarlo en acción política. Por
eso hay que favorecer la participación en la vida interna de los partidos; pero
también en las instituciones y en otras organizaciones de la sociedad civil. La
implicación de los ciudadanos es la forma más efectiva de mantener viva la
democracia.
4. Una
España federal y social en una Europa federal y social. Ante las voces que propugnan el
desmantelamiento del proceso de integración europea y el socavamiento del
Estado autonómico español, se impone recuperar un doble discurso: el que aboga
por profundizar en la construcción de la Unión Europea sobre sólidos pilares
políticos; y el que apuesta por una España federalmente organizada, como
garantía de respeto a la diversidad sin renunciar a la unidad y como mejor
medio de asegurar nuestro Estado de bienestar.
5. El
objetivo es el empleo de calidad, no cualquier empleo. El desempleo y la precariedad
son dos problemas centrales de nuestro tiempo. El trabajo no es sólo un factor
de producción, sino el principal medio de inserción social de los ciudadanos,
fuente de su desarrollo personal y familiar, y sostén de la protección social.
Por ello, el impulso de la actividad económica no puede basarse en reforzar sin
más el papel de los empresarios a costa de los derechos individuales y
colectivos de los trabajadores. Es necesario hacer compatible, de forma
equilibrada, los intereses de ambas partes; porque eso es lo que evita que el
mercado de trabajo se convierta en una jungla.
6. Tolerancia
cero con la corrupción. La corrupción degrada la democracia porque socava los cimientos y la
legitimidad de sus instituciones. Erradicarla exige un renovado compromiso
cívico. Partidos políticos y responsables públicos deben ser celosos en la denuncia
y persecución de todas las manifestaciones de corrupción. Pero también los
ciudadanos somos corresponsables en la creación de una ética pública a la
altura de nuestras expectativas: los abusos ajenos no deben servirnos de
coartada para desatender nuestras obligaciones ciudadanas.
7. La
política puede cambiar el mundo y someter a los mercados. La actual crisis económica es
también una crisis política. Buena parte de los problemas que sufrimos derivan
de la incapacidad de los gobiernos de someter a los mercados. Pero no olvidemos
que esta situación también es el resultado de decisiones de carácter político
que han favorecido la desregulación de los sistemas financieros, alentando la
economía especulativa frente a la productiva. Por eso reivindicamos una reacción
política, convencidos de que es en este ámbito donde deben surgir las
respuestas que los ciudadanos esperan.
8. El
Estado, laico. La
libertad religiosa es un derecho fundamental reconocido en nuestra
Constitución. Pero su dimensión subjetiva no puede traducirse en una proyección
pública de ninguna religión vinculada a los órganos del Estado. La única manera
de garantizar la efectividad de la libertad religiosa pasa por mantener la
neutralidad de los poderes públicos a este respecto. Solo un Estado laico se
encuentra en condiciones de conseguir que las creencias de cada persona,
profese o no una determinada religión, sean igualmente respetadas.
9.
Igualdad real entre hombres y mujeres, y respeto a la diversidad. La búsqueda del equilibrio entre
libertad e igualdad es un objetivo consustancial a la socialdemocracia al que
no se puede renunciar. Pues cuanto más iguales sean los miembros —mujeres y
hombres— que integran una sociedad, y mayor sea el respeto a la diversidad
personal y colectiva, más posibilidades tendremos de prosperar en el tiempo de
manera justa y sostenible.
10. La
lucha contra el cambio climático es vital y una fuente de riqueza. No es posible separar
sostenibilidad ambiental y económica. Cuando economía y respeto ambiental se
encuentran, surgen nuevas oportunidades de inversión productiva, y de
participación ciudadana, que afectan positivamente al crecimiento económico, la
creación de empleo estable y la reducción de la pobreza. Establecer mecanismos
de control global sobre la explotación de los recursos naturales contribuye al
impulso de un modelo de crecimiento más integrador que favorece un uso
equilibrado, compartido y no competitivo de estos recursos.
Estas 10
líneas rojas no agotan los ámbitos de debate y acción que deberían orientar la
socialdemocracia del siglo XXI. Pero sí ejemplifican los retos y propósitos
básicos que deberían conformar su estrategia de futuro, aportando nuevas
soluciones ante los desafíos económicos y sociales, y a la vez recuperando su
esencia progresista.
Antonio
Arroyo y Borja
Suárez son profesores de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid y
miembros integrantes de Líneas Rojas. Firman este artículo otros miembros de
esta organización.
No hay comentarios:
Publicar un comentario