Samuel García / 24Horas El Diario sin Límites
Ayer la Comisión Federal de Competencia resolvió aprobar que los dos gigantes empresariales que dominan el mercado de la televisión en México, Televisa y TV Azteca, se asocien al 50% en Iusacell para competir en el mercado de la telefonía celular dominado por otro gigante, Telcel.
La comisión antimonopolios decidió sujetar su aprobación al cumplimiento de siete condiciones que se pueden agrupar en tres fundamentales:
1. El no entorpecimiento por parte de ambas televisoras del proceso
de licitación de una tercera cadena de televisión abierta que deberá
darse en un plazo máximo de 24 meses. Hay que recordar que el pasado 6
de junio la Cofetel resolvió que a más tardar el próximo 30 de noviembre
se publicará la convocatoria para licitar frecuencias de televisión
abierta.
2. Que la venta de publicidad en los canales de televisión abierta se
realice a cualquier empresa competidora bajo condiciones de mercado.
También hay que recordar que Telcel y Telmex retiraron su publicidad de
Televisa argumentando condiciones no competitivas en las tarifas que
pretendía la televisora. Una queja similar ha planteado recurrentemente
Dish, el competidor director de Sky (de Televisa) en televisión
satelital.
3. Que la venta de contenidos de televisión abierta se de por
separado de la venta de los contenidos de televisión restringida. Tanto
las empresas de cable como Dish se han visto imposibilitados de
transmitir señales de televisión abierta por el empaquetamiento de los
contenidos que realizan las televisoras elevando el precio por la venta
de su señal.
Hasta allí la decisión de Cofeco.
Ahora bien, es innegable que estas condiciones impuestas por la
Comisión Federal de Competencia disminuyen el riesgo de colusión y a la
vez promueven una mayor competencia en los mercados de la televisión
abierta y restringida. Y también es cierto que un nuevo ‘jugador’ del
tamaño de Iusacell-Televisa será benéfico para el consumidor de la
telefonía móvil.
Sin embargo lo que se observa en las recientes decisiones del
organismo antimonopolios es la prisa por destrabar, de una vez, el
entuerto en el mercado de las telecomunicaciones y de la televisión, y
para ello se ha optado por una regulación más laxa, haciéndoles la vida
más fácil a estos grandes jugadores.
Eso ocurrió con la reciente ‘condonación’ de la multa a Telcel a
cambio de una serie de ‘condiciones’ que la empresa telefónica, en
esencia, ya había aceptado previamente con Cofetel.
Con la resolución de ayer la historia se vuelve a repetir y la
comisión antimonopolios le ‘facilita’ a Televisa y a Grupo Azteca su
pretendida fusión en Iusacell sin grandes condiciones, a pesar de que el
vocero de Azteca, Luis Niño de Rivera, declare públicamente que esas
condiciones son ‘onerosas y excesivas’.
Nada de eso. Sujetar una decisión regulatoria, como ésta, a que ambas
televisoras dominantes en su mercado, no entorpezcan abiertamente la
licitación de nuevas frecuencias de televisión por medio de litigios, si
bien luce como una medida práctica; es un reconocimiento explícito de
la autoridad sobre la fuerza e influencia de las empresas televisoras en
las decisiones legales y políticas del país.
Queda claro que los organismos reguladores no tienen la fuerza
institucional para hacerles frente y de allí la laxitud en sus
decisiones que hemos visto recientemente. Es una cuestión de tamaños.
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