La Comisión desmiente a Rajoy y avisa que el grifo
del crédito se cerrará si se incumple el Pacto de Estabilidad
Los Gobiernos más duros presionan para imponer
condiciones estrictas.
Claudi Pérez Bruselas / El País
España se
resistió a pedir las ayudas europeas hasta el final, hasta que vio claro que
toda la zona euro estaba del lado de Alemania, del lado de quienes pensaban que
lo mejor era un rescate para
prevenir un
accidente financiero. La Moncloa inició entonces una estrategia dirigida a
minimizar los daños, refrendada este domingo por el presidente
Mariano Rajoy, para
evitar a toda costa llamar rescate al crédito de hasta 100.000 millones al
Estado para sanear los bancos. Y empezó a rechazar que haya condicionalidad
asociada a las ayudas más allá de la ligada a la banca. Rajoy y su equipo
niegan tres veces: rechazan que haya rescate, que existan presiones
internacionales y que haya condiciones más allá de la banca. Esa es una
maniobra "de política interna", pero las ayudas "están
estrechamente vinculadas al cumplimiento del Pacto de Estabilidad, diga lo que
diga el Gobierno", dijeron este domingo fuentes comunitarias.
En otras
palabras: España tiene a partir del sábado menos libertad. Menos soberanía con
su sistema financiero, pero también menos soberanía fiscal: la vigilancia
era y seguirá siendo muy estrecha, pero las consecuencias de incumplir los acuerdos
con Bruselas serán a partir de ahora más graves, con el cierre del grifo a los
bancos. Eso a pesar de que el rescate es la típica jugada comunitaria: permite
salvar la cara al Ejecutivo, que lleva días agarrándose a los eufemismos, pero
también a los países más duros, Alemania y sus satélites, cuyos Gobiernos
esgrimen ya esas condiciones que aún están por conocer.
Fuentes
conocedoras de las conversaciones en el Eurogrupo explicaron que España ya
estaba, de facto, metida de lleno en un programa de austeridad. En los dos
últimos años ha aplicado fuertes recortes de gastos, subidas de
impuestos,
reformas en el mercado laboral, pensiones y sistema
financiero, y se ha
visto obligada a aplicar un fenomenal tijeretazo en el
déficit que nada
tiene que envidiar al de Portugal, Grecia o Irlanda. Gracias a todo eso ha
conseguido ampliar un año el recorte del déficit hasta el sacrosanto 3% del
PIB. Bruselas había impuesto a España un programa de austeridad sin rescate;
ahora tiene un rescate sin programa de austeridad, "porque en realidad ya
lo está aplicando", explicaron fuentes diplomáticas.
Los
bancos que acudan a las ayudas se verán obligados a aplicar severas
reestructuraciones. Pero España, a su vez, y a diferencia de lo que defiende el
Gobierno, deberá cumplir a rajatabla con el Pacto de Estabilidad, que fija ese 3% del déficit
para 2014.
También, con las recomendaciones de la Comisión: subida del IVA, aceleración en el retraso de la
edad de jubilación, control del gasto en las comunidades o endurecimiento de
las prestaciones por desempleo. Todo eso se da por hecho en Bruselas.
El
vicepresidente Olli Rehn
explicó este
domingo que el rescate no supone "nuevas condiciones" en otras áreas,
más allá de la banca. España debe aplicar "la condicionalidad política
normal en el marco de la gobernanza económica reforzada de la UE", dijo;
en definitiva, la misma intensa vigilancia, con numerosas misiones de expertos
pero con una salvedad: en caso de incumplir, los problemas serán mayores.
"Las condiciones no se conocerán hasta dentro de unos días, pero estarán
focalizadas en el sector financiero. Sin embargo, incumplir el Pacto de
Estabilidad suponía hasta ahora la apertura de un procedimiento, quizá la
amenaza de una sanción. A partir del rescate puede suponer el cierre del
crédito, según las normas del fondo de rescate", explicaron fuentes
comunitarias.
La
Comisión llevó al Eurogrupo un borrador del rescate muy parecido al texto
final, incluso con la cifra pactada. La teleconferencia sirvió para empezar a
discutir sobre las condiciones y para constatar un par de cosas. "Alemania
fue muy constructiva", según fuentes europeas. "Holanda y Finlandia,
sin embargo, dejaron claro que quieren garantías y condiciones estrictas",
según las mismas fuentes. Las dos próximas semanas serán claves: Irlanda,
Portugal y Grecia reclaman
condiciones más suaves, a la española. Los países más duros tratarán de apretar las tuercas en
el memorando de condiciones del rescate español para evitar ese efecto mimético
en Dublín, Lisboa y Atenas. En fin, lo que el expresidente Felipe González
denominó como una toma de decisiones "diabólicamente ineficaz", con
la espada de Damocles de los mercados sobre España desde este mismo lunes.
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