Miguel del Castillo Negrete Rovira / Este País
En un país donde la educación y los
servicios sanitarios, entre otros, todavía dejan mucho que desear, la
desigualdad en el ingreso –una de las mayores del mundo– va aparejada de una
desigualdad equivalente en la calidad de vida. Paradójicamente, sin educación
de calidad y buenos servicios básicos se antoja difícil revertir este grave
problema.
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