La crisis trata de enfrentar a los pobres con los más
pobres, que envidian a los primeros por la protección social
Joaquín Estefanía / El País
Para Mario
Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), que en sus declaraciones
disecciona con un bisturí esterilizado la necesidad de más reformas (ya se sabe
lo que significa este concepto para los ciudadanos) con “transparencia y
celeridad”; para los que vieron y hasta estudiaron películas tan
extraordinarias como Inside job, Margin call o Enron, los tipos que estafaron a
América con el fin de conocer bien los mecanismos del expolio y a algunos de
los golfos apandadores que nos han llevado hasta donde hemos llegado; para los
que fueron a las salas de proyección y en la soledad de las mismas
comprendieron lo que les podía ocurrir con filmes como The Company Man o Up in
the air, en los que se desarrollan los mecanismos del paro colectivo y cómo
estos pueden llegar incluso a quienes antes despidieron a los despedidos; para
los que lloraron contemplando los estragos del desempleo en la dignidad de la
gente, en Los lunes al sol, la profética cinta dirigida por León de Aranoa y
producida por Elías Querejeta (es de 2001, un lustro largo antes de la llegada
de la Gran Recesión, cuando parecía que lo peor que podía pasar era un proceso
de desindustrialización).
Para todos
ellos y para los demás se recomienda otra pieza para la reflexión y el
análisis: Las nieves del Kilimanjaro (nada que ver con la película de Ava
Gardner y Gregory Peck, basada en la novela de Hemingway), del director francés
Robert Guédiguian, que subraya la otra cara de la economía, aquella que surge
de las vivencias de los perdedores, que son los más.
Una pequeña
empresa de la ciudad de Marsella presenta un expediente de regulación de empleo
(ERE) que afecta a una veintena de sus trabajadores. La elección de los mismos
se realiza por sorteo y en ella se incluye uno de sus representantes sindicales
(de la Confederación General del Trabajo), pese a que por su puesto en el
sindicato estaría exento del despido. A partir de ese momento se desarrolla una
serie de contradicciones, lealtades y dilemas morales que forman parte de la
vida real de tanta gente. Entre ellas, los que enfrentan a los pobres con los
más pobres, a los que todavía tienen derecho a la protección de la jubilación
con los que apenas tienen indemnización por su juventud y rápidamente quedan en
una situación de marginalidad y violencia.
Las nieves
del Kilimanjaro es una historia de perdedores dignos en un tiempo de excesos,
en los que hay una generación, la de los más jóvenes, que no tiene trabajo ni
sueños y que ve a los que aún disfrutan de un sistema de protección —el Estado
del bienestar, que es la mejor utopía factible de la humanidad— como una
especie de pequeña burguesía a la que envidia.
Olvidemos
las escenas pastel que recuerdan a Frank Capra y concentrémonos en las secuelas
de esta espantosa crisis económica en términos de desesperanza, paro,
empobrecimiento de la sociedad, mortandad de empresas y de calidad de la
democracia.
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