JORGE A. CHÁVEZ PRESA / EL UNIVERSAL
El debate entre candidatos a la Presidencia, el próximo domingo, dejará mucho qué desear. Por su diseño y organización sus alcances serán muy limitados.
Nuestra incipiente democracia tiene aún mucho que
aprender para que estos eventos sean más atractivos y se vuelvan
auténticas oportunidades para que el electorado vea y escuche más de
quienes compiten por servir en el cargo público más importante.
El reciente debate entre Sarkozy y Hollande por la
presidencia francesa es un buen ejemplo a seguir. No se diga de los que
sostienen en España, o los que organizan en Estados Unidos, donde existe
una comisión especial de carácter 100% ciudadano para organizarlos.
Para estos debates hay una planeación muy depurada, y
sobre todo se sabe con mucha anticipación su fecha y lugar. Se preparan
escenarios espectaculares en lugares neutrales muy atractivos. En el
caso de Estados Unidos asisten espectadores que guardan compostura y
respeto absoluto, e incluso hay patrocinadores. Además de servir para
informarse y formarse una opinión de qué están hechos los candidatos,
son eventos entretenidos. Son ocasiones propicias para que los electores
comparen desde la imagen y porte de los candidatos hasta las
capacidades de expresión oral y manejo del idioma, y especialmente
conocimientos y el manejo de los datos para defender su posición.
También permiten contrastar capacidades de: explicar, revirar,
cuestionar al oponente, y convencer al auditorio de que su propuesta es
mejor a la del contrincante. Con el lenguaje corporal, combinado con lo
que dicen, apelan a las emociones de televidentes.
Son situaciones en las que los candidatos muestran
temple y las aprovechan para convencer de por qué votar por ellos es la
mejor decisión que un elector puede tomar para el futuro del país.
No obstante lo rico y ameno que puede ser un debate por
la Presidencia, habrá que sacar el mayor provecho de los dos que se
celebrarán a pesar de su formato rígido. Ni modo, es el que tenemos,
pero para los de las próximas elecciones algo tenemos que hacer. Ya
vimos que el IFE no hizo mucho.
Quien crea que ésta es la oportunidad para presentar
propuestas, ése es el lugar equivocado. Para eso están las plataformas
electorales que podemos leer. El debate sirve para mostrar, antes que
nada, que tienen claridad sobre los problemas o temas más importantes
que hay que atender. Además, para comprobar que tienen idea de lo que
dicen, ofrecen, quieren hacer y lograr una vez que asuman el cargo. Se
trata del momento para definirse sin ambigüedad frente a los temas que
necesitan decisiones.
Por ello la importancia del sentido y contenido de las
preguntas. Preguntas mal formuladas, además de distraer el debate,
confunden al elector. Por ejemplo, hay una creencia generalizada de que
en energía el tema es si se privatiza o no Pemex y la CFE.
Con todo respeto a los que insisten en plantearlo, ése
no es el tema. El punto central es si la o el candidato están en favor
de que para resolver el problema energético del país, esto es el de
asegurar el suministro confiable y oportuno de energéticos con el menor
costo ambiental, es necesario continuar con los monopolios de Estado en
petróleo y electricidad, o si están en favor de introducir la
competencia; de cómo lo harían, qué características debiera tener la
regulación y la supervisión, etcétera. Y si están en favor de continuar
con los monopolios, qué van a hacer para elevar su eficiencia, reducir
la corrupción, si estarían dispuestos a transformarlos de organismos
públicos descentralizados a empresas del Estado mexicano y demás.
Lo mismo ocurre con el tema fiscal. El problema no es
si están o no en favor de generalizar el IVA, sino plantear esa imagen
para que la mitad de la población que no tiene acceso a los derechos
establecidos en la Constitución, y por ende es pobre, ahora sí lo tenga
haciendo explícito cuáles serán los instrumentos fiscales y de otra
índole para poder financiarlos.
Finalmente, un mal moderador puede echar a perder el
numerito. Lo puede hacer porque no conoce los temas o porque introduce
sus prejuicios y sesgos personales en favor de uno de los candidatos.A
ver el debate el domingo, y esperemos que los cuatro candidatos, a pesar
del formato, estén a la altura de lo que tanto necesita México: un
liderazgo claro y contundente para devolvernos la seguridad que es la
esencia de la justificación del Estado, y para organizar al gobierno
federal de tal manera que funcione y se coordine con los otros órdenes
para regresarnos a una senda de desarrollo económico sostenido.
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