sábado, 5 de mayo de 2012

HORA DE DEFINICIONES: DEBATE PRESIDENCIAL

JORGE A. CHÁVEZ PRESA / EL UNIVERSAL

El debate entre candidatos a la Presidencia, el próximo domingo, dejará mucho qué desear. Por su diseño y organización sus alcances serán muy limitados.

Nuestra incipiente democracia tiene aún mucho que aprender para que estos eventos sean más atractivos y se vuelvan auténticas oportunidades para que el electorado vea y escuche más de quienes compiten por servir en el cargo público más importante.
El reciente debate entre Sarkozy y Hollande por la presidencia francesa es un buen ejemplo a seguir. No se diga de los que sostienen en España, o los que organizan en Estados Unidos, donde existe una comisión especial de carácter 100% ciudadano para organizarlos.
Para estos debates hay una planeación muy depurada, y sobre todo se sabe con mucha anticipación su fecha y lugar. Se preparan escenarios espectaculares en lugares neutrales muy atractivos. En el caso de Estados Unidos asisten espectadores que guardan compostura y respeto absoluto, e incluso hay patrocinadores. Además de servir para informarse y formarse una opinión de qué están hechos los candidatos, son eventos entretenidos. Son ocasiones propicias para que los electores comparen desde la imagen y porte de los candidatos hasta las capacidades de expresión oral y manejo del idioma, y especialmente conocimientos y el manejo de los datos para defender su posición. También permiten contrastar capacidades de: explicar, revirar, cuestionar al oponente, y convencer al auditorio de que su propuesta es mejor a la del contrincante. Con el lenguaje corporal, combinado con lo que dicen, apelan a las emociones de televidentes.
Son situaciones en las que los candidatos muestran temple y las aprovechan para convencer de por qué votar por ellos es la mejor decisión que un elector puede tomar para el futuro del país.
No obstante lo rico y ameno que puede ser un debate por la Presidencia, habrá que sacar el mayor provecho de los dos que se celebrarán a pesar de su formato rígido. Ni modo, es el que tenemos, pero para los de las próximas elecciones algo tenemos que hacer. Ya vimos que el IFE no hizo mucho.
Quien crea que ésta es la oportunidad para presentar propuestas, ése es el lugar equivocado. Para eso están las plataformas electorales que podemos leer. El debate sirve para mostrar, antes que nada, que tienen claridad sobre los problemas o temas más importantes que hay que atender. Además, para comprobar que tienen idea de lo que dicen, ofrecen, quieren hacer y lograr una vez que asuman el cargo. Se trata del momento para definirse sin ambigüedad frente a los temas que necesitan decisiones.
Por ello la importancia del sentido y contenido de las preguntas. Preguntas mal formuladas, además de distraer el debate, confunden al elector. Por ejemplo, hay una creencia generalizada de que en energía el tema es si se privatiza o no Pemex y la CFE.
Con todo respeto a los que insisten en plantearlo, ése no es el tema. El punto central es si la o el candidato están en favor de que para resolver el problema energético del país, esto es el de asegurar el suministro confiable y oportuno de energéticos con el menor costo ambiental, es necesario continuar con los monopolios de Estado en petróleo y electricidad, o si están en favor de introducir la competencia; de cómo lo harían, qué características debiera tener la regulación y la supervisión, etcétera. Y si están en favor de continuar con los monopolios, qué van a hacer para elevar su eficiencia, reducir la corrupción, si estarían dispuestos a transformarlos de organismos públicos descentralizados a empresas del Estado mexicano y demás.
Lo mismo ocurre con el tema fiscal. El problema no es si están o no en favor de generalizar el IVA, sino plantear esa imagen para que la mitad de la población que no tiene acceso a los derechos establecidos en la Constitución, y por ende es pobre, ahora sí lo tenga haciendo explícito cuáles serán los instrumentos fiscales y de otra índole para poder financiarlos.
Finalmente, un mal moderador puede echar a perder el numerito. Lo puede hacer porque no conoce los temas o porque introduce sus prejuicios y sesgos personales en favor de uno de los candidatos.A ver el debate el domingo, y esperemos que los cuatro candidatos, a pesar del formato, estén a la altura de lo que tanto necesita México: un liderazgo claro y contundente para devolvernos la seguridad que es la esencia de la justificación del Estado, y para organizar al gobierno federal de tal manera que funcione y se coordine con los otros órdenes para regresarnos a una senda de desarrollo económico sostenido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario