Francisco Martín Moreno / Contracorriente
Cuando paso lista a los líderes políticos de la historia contemporánea y recuerdo las figuras de Winston Churchill, de Charles de Gaulle, de Billy Brandt, de Konrad Adenauer, de Franklin D. Roosevelt, o más hacia nuestros días, las de Felipe González, Helmut Kohl o Mitterrand, entre otros tantos más, me pregunto si acaso un país en vías de desarrollo no puede sino contar con líderes igualmente en vías de desarrollo... Sin embargo, no deja de ser paradójico que, a pesar de no encontrarse en el horizonte político mexicano a ningún estadista de semejantes dimensiones, el día que finalmente llegáramos a dar con él, no podríamos reelegirlo por limitaciones anacrónicas a nuestra propia democracia. Sufragio Efectivo. No Reelección…
Todo lo anterior viene a cuento por la falta de líderes políticos que puedan echarse a las espaldas la pesadísima responsabilidad de dirigir con éxito los destinos de la nación, más aún cuando se trata de una nación semianalfabeta en su inmensa mayoría, una realidad de pavorosas consecuencias que se comprueba con recorrer cualquier ciudad, pueblo o puerto de México.
Si Rubén Figueroa, el ex gobernador de Guerrero, sentenció aquello de que la caballada estaba muy flaca, en estos días ya no se habla de caballos, sino de meros ponies o, si se desea, de cachorros de ponies. Un ejemplo palpable se demuestra al conocer los nombres de los candidatos a gobernador del Estado de México. ¿Acaso no es una expresión de miseria política el hecho de que el PAN no tenga un candidato de empaque, con gran personalidad política y que lo mejor del PRD se reduzca a la deplorable figura de Alejandro Encinas? ¿Encinas es lo mejor de toda la oposición mexiquense? Imagínese usted, amable lector: Encinas es lo mejor que puede ofrecer la oposición representada por el PRD y el PAN. ¿Se acuerda usted de su gestión como marioneta de López Obrador en el DF?
México requiere la inevitable presencia de una izquierda lúcida y progresista como la que encabezó Lula en el Brasil en los últimos ocho años, una izquierda evolucionada y eficiente como la de Felipe González en España o la de Lagos en Chile. En un país con 50 millones de mexicanos sepultados en la miseria la izquierda es imperativa, inevitable, obligatoria, pero no una izquierda, si es que así se le puede llamar, como la de Castro o la de Chávez, en Venezuela, o la que encabeza López Obrador, un auténtico peligro para México. ¿Cuántos empleos podría crear un gobierno indeseable de López Obrador con un gabinete integrado por Bejaranos, Padiernas, Bartres, Noroñas o Barrales, quienes intentarían gobernar con recetas sacadas del bote de la basura? Si Encinas es lo mejor que tiene el PRD hay que imaginar las miserias políticas que se dan en dicho partido, así como en el PAN con un Bravo Mena, que de bravo, nada, absolutamente nada.
¿Cómo es posible que se hable del virtuosismo mágico del grupo Atlacomulco después del escandaloso fracaso de 70 años de gestiones? Como nunca he creído en las culpas absolutas, ¿dónde acaba entonces la culpa de los diversos gobiernos de Atlacomulco y comienza la de la sociedad mexiquense que no ha tomado la calle para protestar cuando diversos gobernadores han dispuesto ilícitamente del ahorro de los mexiquenses o perpetraron fraudes electorales ignorando la voluntad popular? ¿Se les olvidó aquello de político pobre, pobre político del célebre Hank González?
Oaxaca y Puebla nunca habían conocido, en 70 años, la alternancia en el poder, lo mismo que acontece en la actualidad en el Estado de México, lo cual se traduce en corrupción, ignorancia, miseria y delincuencia, flagelos sociales que se comprueban al salir a la calle. ¿Qué suerte le puede esperar al Estado de México gobernado por Encinas? Esa película ya la vimos en el DF. La sociedad mexicana tiene que incorporarse a la política porque México es un país demasiado importante, para dejarlo en manos de los actuales políticos. Es la hora de que el pueblo gobierne y para ello, para arrebatarle el poder a los partidos, resulta imperativo el ingreso de la ciudadanía en el ambiente fétido de la política. Si nosotros no lo limpiamos ¿entonces quién? A todos los ciudadanos nos corresponde iniciar un proceso intenso de profilaxis pública.
Eruviel se impuso como candidato en contra de la voluntad de Peña Nieto, porque de haber designado a Alfredo del Mazo, un político promisorio, pero que no contaba ni con mucho con la experiencia del primero, bien hubiera podido propiciar el fracaso electoral de Peña Nieto en 2012. Me explico: si Peña Nieto no designa a Eruviel —Eruviel nunca lo confesará— pero hubiera sido el candidato natural del PRD y, tal vez, hasta del PAN en la coalición gobernante, por lo que el PRI habría resultado derrotado con la candidatura de Alfredo del Mazo, situación absolutamente inconveniente de cara a los planes presidenciales del gobernador en turno. Peña Nieto no se podía dar el lujo de perder.
Si todos queremos un mejor país, debemos provocar que los mejores mexicanos accedan al poder para erradicar familias “revolucionarias”, grupos mafiosos que tienen secuestrada a la nación ya sea a través de los partidos políticos, del Congreso de la Unión o de las empresas estratégicas. La miseria política implica miseria del crecimiento económico, miseria educativa, miseria social y cultural y viceversa…
*Escritor
Cuando paso lista a los líderes políticos de la historia contemporánea y recuerdo las figuras de Winston Churchill, de Charles de Gaulle, de Billy Brandt, de Konrad Adenauer, de Franklin D. Roosevelt, o más hacia nuestros días, las de Felipe González, Helmut Kohl o Mitterrand, entre otros tantos más, me pregunto si acaso un país en vías de desarrollo no puede sino contar con líderes igualmente en vías de desarrollo... Sin embargo, no deja de ser paradójico que, a pesar de no encontrarse en el horizonte político mexicano a ningún estadista de semejantes dimensiones, el día que finalmente llegáramos a dar con él, no podríamos reelegirlo por limitaciones anacrónicas a nuestra propia democracia. Sufragio Efectivo. No Reelección…
Todo lo anterior viene a cuento por la falta de líderes políticos que puedan echarse a las espaldas la pesadísima responsabilidad de dirigir con éxito los destinos de la nación, más aún cuando se trata de una nación semianalfabeta en su inmensa mayoría, una realidad de pavorosas consecuencias que se comprueba con recorrer cualquier ciudad, pueblo o puerto de México.
Si Rubén Figueroa, el ex gobernador de Guerrero, sentenció aquello de que la caballada estaba muy flaca, en estos días ya no se habla de caballos, sino de meros ponies o, si se desea, de cachorros de ponies. Un ejemplo palpable se demuestra al conocer los nombres de los candidatos a gobernador del Estado de México. ¿Acaso no es una expresión de miseria política el hecho de que el PAN no tenga un candidato de empaque, con gran personalidad política y que lo mejor del PRD se reduzca a la deplorable figura de Alejandro Encinas? ¿Encinas es lo mejor de toda la oposición mexiquense? Imagínese usted, amable lector: Encinas es lo mejor que puede ofrecer la oposición representada por el PRD y el PAN. ¿Se acuerda usted de su gestión como marioneta de López Obrador en el DF?
México requiere la inevitable presencia de una izquierda lúcida y progresista como la que encabezó Lula en el Brasil en los últimos ocho años, una izquierda evolucionada y eficiente como la de Felipe González en España o la de Lagos en Chile. En un país con 50 millones de mexicanos sepultados en la miseria la izquierda es imperativa, inevitable, obligatoria, pero no una izquierda, si es que así se le puede llamar, como la de Castro o la de Chávez, en Venezuela, o la que encabeza López Obrador, un auténtico peligro para México. ¿Cuántos empleos podría crear un gobierno indeseable de López Obrador con un gabinete integrado por Bejaranos, Padiernas, Bartres, Noroñas o Barrales, quienes intentarían gobernar con recetas sacadas del bote de la basura? Si Encinas es lo mejor que tiene el PRD hay que imaginar las miserias políticas que se dan en dicho partido, así como en el PAN con un Bravo Mena, que de bravo, nada, absolutamente nada.
¿Cómo es posible que se hable del virtuosismo mágico del grupo Atlacomulco después del escandaloso fracaso de 70 años de gestiones? Como nunca he creído en las culpas absolutas, ¿dónde acaba entonces la culpa de los diversos gobiernos de Atlacomulco y comienza la de la sociedad mexiquense que no ha tomado la calle para protestar cuando diversos gobernadores han dispuesto ilícitamente del ahorro de los mexiquenses o perpetraron fraudes electorales ignorando la voluntad popular? ¿Se les olvidó aquello de político pobre, pobre político del célebre Hank González?
Oaxaca y Puebla nunca habían conocido, en 70 años, la alternancia en el poder, lo mismo que acontece en la actualidad en el Estado de México, lo cual se traduce en corrupción, ignorancia, miseria y delincuencia, flagelos sociales que se comprueban al salir a la calle. ¿Qué suerte le puede esperar al Estado de México gobernado por Encinas? Esa película ya la vimos en el DF. La sociedad mexicana tiene que incorporarse a la política porque México es un país demasiado importante, para dejarlo en manos de los actuales políticos. Es la hora de que el pueblo gobierne y para ello, para arrebatarle el poder a los partidos, resulta imperativo el ingreso de la ciudadanía en el ambiente fétido de la política. Si nosotros no lo limpiamos ¿entonces quién? A todos los ciudadanos nos corresponde iniciar un proceso intenso de profilaxis pública.
Eruviel se impuso como candidato en contra de la voluntad de Peña Nieto, porque de haber designado a Alfredo del Mazo, un político promisorio, pero que no contaba ni con mucho con la experiencia del primero, bien hubiera podido propiciar el fracaso electoral de Peña Nieto en 2012. Me explico: si Peña Nieto no designa a Eruviel —Eruviel nunca lo confesará— pero hubiera sido el candidato natural del PRD y, tal vez, hasta del PAN en la coalición gobernante, por lo que el PRI habría resultado derrotado con la candidatura de Alfredo del Mazo, situación absolutamente inconveniente de cara a los planes presidenciales del gobernador en turno. Peña Nieto no se podía dar el lujo de perder.
Si todos queremos un mejor país, debemos provocar que los mejores mexicanos accedan al poder para erradicar familias “revolucionarias”, grupos mafiosos que tienen secuestrada a la nación ya sea a través de los partidos políticos, del Congreso de la Unión o de las empresas estratégicas. La miseria política implica miseria del crecimiento económico, miseria educativa, miseria social y cultural y viceversa…
*Escritor
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