Jesús Alberto Cano Vélez (*) / Excelsior
La gran recesión, que está todavía causando estragos en los países, es todavía un peligro potencial para México, porque anda rodando por el mundo y aun no sabemos su saldo total para nosotros.
Recordemos que empezó a finales del 2007 y que cobró en México el peor daño de todos los países de América Latina en 2009, cuando hizo contraer nuestro ingreso nacional (PIB) en 6.5%, generó un desempleo verdaderamente masivo y elevó la pobreza en México a impactar la mitad de la población, un nivel sin precedente reciente. Ahora con el aumento esperado del PIB de unos 4% este año parece que recuperaremos parte de lo perdido.
En contraste, la mayoría de los países de América Latina redujeron sus niveles de pobreza, gracias a la vigorosa economía que tuvieron en los años previos a la recesión y a su buen desempeño durante la recesión mundial, según un informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
En la presentación del Panorama Social de América Latina, la Secretaria General de la CEPAL abundó que en 2010 se espera que haya 180 millones de pobres en la región, retornando a niveles similares a los registrados en 2008. Ello implica que el 33% de los habitantes de la región viva en la pobreza, mientras que en México ese segmento representa el 50% de la población.
La CEPAL explicó que, en los países sudamericanos, el aumento de los ingresos laborales de los hogares pobres y las transferencias públicas orientadas a aminorar el impacto de la crisis permitió reducir la desigualdad en la región y proteger las economías de la recesión, al destacar la magnitud y el papel de las políticas anti cíclicas aplicadas por los gobiernos de dichos países, para defenderse de la recesión mundial.
La pregunta que nos hacemos ante tan marcada diferencia entre México y los demás países de la región es: ¿por qué le ha ido tan mal a México, mientras que otros, como Brasil, Argentina, Bolivia, Perú y Uruguay, entre los principales lograron defenderse con tanto éxito de los efectos recesivos?
Hay varias razones. Para empezar, la dependencia mexicana casi absoluta del comercio con los Estados Unidos hizo que la intensidad de la recesión que sufrió ese país se comunicara al nuestro, con el desplome de sus compras de nuestros productos industriales, especialmente productos automotrices, bajando así nuestras exportaciones.
A diferencia de nuestra relación comercial, los nexos comerciales diversificados de los países sudamericanos les permitió protegerse mejor, especialmente por el comercio dinámico que han mantenido con las economías asiáticas.
Finalmente, y quizás la causa más importante de la diferente reacción de las economías, fue la aplicación de políticas anti cíclicas orientadas a generar demanda agregada y empleos para inducir aumentos en la producción de bienes y servicios, causando reactivación de sus economías.
En este punto se centró la diferencia más importante entre nosotros y los demás, porque por razones ideológicas, la Administración del Presidente Calderón simplemente rechazó la idea de aplicar políticas anti cíclicas; quizás por su compromiso con las tesis conservadoras del Consenso de Washington, que se opone a la participación del gobierno en le economía. Por lo tanto, la idea de introducir al Estado en actividades económicas promocionales simplemente no les era aceptable.
La duda ahora entre los economistas es la virulencia que pueda adquirir la recesión de lo que ocurre en el área Euro, y si volverá a rebotar a las Américas. Ya hay dos economías enfermas en Europa que están requiriendo atención intensiva. Una es Grecia y la otra, Irlanda. Las medidas económicas a tomar son políticamente muy difíciles de aplicar; se requerirá una inmensa dosis de ejercicio de autoridad. De manera que habrá que estar vigilantes.
Finalmente, si podemos ya cantar victoria, porque la gran recesión de inicios del Siglo XXI, en efecto está en remisión, todo apunta a que para los países del primer mundo –entre ellos los Estados Unidos-- la recuperación será muy lenta. Por lo tanto será deseable que México estructure su propia política económica y no espere que le llegue automáticamente del efecto EE UU.
(*) Presidente Nacional de El Colegio Nacional de Economistas
La gran recesión, que está todavía causando estragos en los países, es todavía un peligro potencial para México, porque anda rodando por el mundo y aun no sabemos su saldo total para nosotros.
Recordemos que empezó a finales del 2007 y que cobró en México el peor daño de todos los países de América Latina en 2009, cuando hizo contraer nuestro ingreso nacional (PIB) en 6.5%, generó un desempleo verdaderamente masivo y elevó la pobreza en México a impactar la mitad de la población, un nivel sin precedente reciente. Ahora con el aumento esperado del PIB de unos 4% este año parece que recuperaremos parte de lo perdido.
En contraste, la mayoría de los países de América Latina redujeron sus niveles de pobreza, gracias a la vigorosa economía que tuvieron en los años previos a la recesión y a su buen desempeño durante la recesión mundial, según un informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
En la presentación del Panorama Social de América Latina, la Secretaria General de la CEPAL abundó que en 2010 se espera que haya 180 millones de pobres en la región, retornando a niveles similares a los registrados en 2008. Ello implica que el 33% de los habitantes de la región viva en la pobreza, mientras que en México ese segmento representa el 50% de la población.
La CEPAL explicó que, en los países sudamericanos, el aumento de los ingresos laborales de los hogares pobres y las transferencias públicas orientadas a aminorar el impacto de la crisis permitió reducir la desigualdad en la región y proteger las economías de la recesión, al destacar la magnitud y el papel de las políticas anti cíclicas aplicadas por los gobiernos de dichos países, para defenderse de la recesión mundial.
La pregunta que nos hacemos ante tan marcada diferencia entre México y los demás países de la región es: ¿por qué le ha ido tan mal a México, mientras que otros, como Brasil, Argentina, Bolivia, Perú y Uruguay, entre los principales lograron defenderse con tanto éxito de los efectos recesivos?
Hay varias razones. Para empezar, la dependencia mexicana casi absoluta del comercio con los Estados Unidos hizo que la intensidad de la recesión que sufrió ese país se comunicara al nuestro, con el desplome de sus compras de nuestros productos industriales, especialmente productos automotrices, bajando así nuestras exportaciones.
A diferencia de nuestra relación comercial, los nexos comerciales diversificados de los países sudamericanos les permitió protegerse mejor, especialmente por el comercio dinámico que han mantenido con las economías asiáticas.
Finalmente, y quizás la causa más importante de la diferente reacción de las economías, fue la aplicación de políticas anti cíclicas orientadas a generar demanda agregada y empleos para inducir aumentos en la producción de bienes y servicios, causando reactivación de sus economías.
En este punto se centró la diferencia más importante entre nosotros y los demás, porque por razones ideológicas, la Administración del Presidente Calderón simplemente rechazó la idea de aplicar políticas anti cíclicas; quizás por su compromiso con las tesis conservadoras del Consenso de Washington, que se opone a la participación del gobierno en le economía. Por lo tanto, la idea de introducir al Estado en actividades económicas promocionales simplemente no les era aceptable.
La duda ahora entre los economistas es la virulencia que pueda adquirir la recesión de lo que ocurre en el área Euro, y si volverá a rebotar a las Américas. Ya hay dos economías enfermas en Europa que están requiriendo atención intensiva. Una es Grecia y la otra, Irlanda. Las medidas económicas a tomar son políticamente muy difíciles de aplicar; se requerirá una inmensa dosis de ejercicio de autoridad. De manera que habrá que estar vigilantes.
Finalmente, si podemos ya cantar victoria, porque la gran recesión de inicios del Siglo XXI, en efecto está en remisión, todo apunta a que para los países del primer mundo –entre ellos los Estados Unidos-- la recuperación será muy lenta. Por lo tanto será deseable que México estructure su propia política económica y no espere que le llegue automáticamente del efecto EE UU.
(*) Presidente Nacional de El Colegio Nacional de Economistas
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