sábado, 11 de diciembre de 2010

CANTO DE LAS SIRENAS

Alejandra Cullen Benítez / El Universal
Dice Vargas Llosa “No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del "otro", siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz…” México, lleva cuatro años de rechazo al “otro” nacional (los violentos) o extranjero (los que no cooperan).
Lo llama el presidente “periodo de transición donde hay cosas que no acaban de morir (muy evidentes) y otras que no terminan de nacer (invisibles)”. Afirma que su gobierno es humanista, pero sus discursos se centran en cifras agregadas más que en el bienestar individual.
Las estadísticas lo embelecen todo. Como el canto de las sirenas llevan al gobierno a la perdición.Los datos duros son importantes pero son también son engañosos y manipulables. Son puntos de referencia, moldeables a las necesidades políticas, que permiten generar expectativas, como hizo el INEGI al ocultar información incómoda sobre la encuesta de inseguridad.
Las cifras nunca son suficientes ni determinantes. Su abuso deslegitima los esfuerzos gubernamentales de fondo y afecta la credibilidad de la política pública.Con datos duros, pueden promoverse comparaciones absurdas que anteponen las estadísticas a la realidad local. Por ejemplo, se puede comparar a Ciudad Juárez con Río de Janeiro, como lo hace Aguilar Camín.
El absurdo ejercicio omite la crítica situación de Juárez y muchas otras ciudades. Reduce la vida de millones de mexicanos a un problema de marketing político.
No hay comparación posible entre Juárez y Río de Janerio. Una sucumbe a la violencia física y la psicológica, la otra ofrece opciones de vida. En Juárez, las autoridades no pueden ni emplacar autos o proveer transporte público. El ciudadano sobrevive en el fuego cruzado de criminales y autoridades que pelean entre ellas y entre sí. Juárez no podría albergar una olimpiada por pura falta de infraestructura. En Río, los ciudadanos tienen aspiraciones realizables. La violencia no es un fenómeno generalizado, ni paraliza a la ciudad. Los negocios crecen.
Tienen más muertos que Juárez pero la ciudad florece. Río tiene una profunda problemática social en proceso de atención, no una absoluta crisis de gobernabilidad.
El abuso de las estadísticas es el canto de las sirenas que deleita el oído de las autoridades y las lleva a la perdición. Les permite olvidar la ausencia de rumbo, de expectativas y de procuración de justicia. Abusar de los números desacredita los aciertos.
Es adecuado invertir en la reconstrucción de la secretaría de seguridad pública y la policía federal. Es una desgracia justificar el gasto al presumir la detención del “principal responsable de la violencia en el norte del país” como si el problema se limitara a un individuo.
Gastan tres mil millones de pesos en Juárez, supuestamente tras haber entendido la complejidad social de esa ciudad para luego presumir la captura del “responsable del 80% de los homicidios”, como si tal cosa fuera posible. Con los juegos de números desacreditan su propiotrabajo.
Presumen cifras récord destinadas a la construcción de infraestructura pero paralizan proyectos a criterio de un secretario de comunicaciones carente de compromiso con su trabajo. Ofrecen “oportunidades” y “seguro popular” pero nadie replantea el alcance y visión de la política social. Con los datos, se refugian en las deficiencias de los estados sin marcar rumbo ni agenda nacional. Hablar de migrantes, en cifras, es hablar de remesas. Miden cuánto vale el trabajo de los expulsados nacionales.
La visión humanista del PAN no cuestiona el impacto social de las rupturas familiares. Hablan de la crisis en los pueblos fantasma, omiten implicaciones sociales por las rupturas familiares y les sorprende la aparición de “El Ponchis”: joven sicario mexicano o americano, abandonado por sus padres en busca de un mejor futuro. Se descubre la presencia de la “Tuta” en la nómina del magisterio michoacano. Se destapa una rigidez institucional que vulnera a todo el sistema educativo.
En vez de plantear el problema de fondo, el presidente cuestiona irónicamente al gobernador de Michoacán y presume datos: el incremento de cuatro puntos de la prueba PISA. La ligera mejora de la prueba excluye tajantemente la discusión de fondo sobre la grave crisis estructural del sistema educativo.
Está el gobierno atrapado en sus estadísticas, armas de doble filo. Presumen datos duros pero el contexto se les impone. No es el de México un problema de mercadotecnia como quisieran algunas víctimas de los cantos. Padecemos un entramado institucional, envuelto en pobres políticas públicas, nula capacidad de instrumentación y una inmensa capacidad de evasión.
Las cifras tranquilizan a autoridades e intelectuales. Por su negación a enfrentar los problemas, la crisis social nos explota y niega el placer de evadir la realidad. ¡Que se amarren al mástil del verdadero análisis humanista y no se dejen llevar por esos suaves cantos

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