lunes, 13 de diciembre de 2010

CANDIDATURAS CIUDADANAS

Ezra Shabot / El Universal
La idea de que existe una contradicción entre partidos políticos y sociedad, surge del alejamiento que la ciudadanía percibe frente a una clase política a la que ve como interesada en sí misma, y no a partir de lo que debería ser un compromiso de los hombres del poder ante su electorado. Esta situación se agudiza cuando la partidocracia en el Congreso y en el Ejecutivo no consigue satisfacer las expectativas que de ellos se tiene en la sociedad. De ahí la posición difundida en el imaginario colectivo de que los políticos son bandidos con fuero, y los ciudadanos nobles e inocentes personajes carentes de poder hasta en tanto se organicen para enfrentar a los políticos.
Este argumento choca con la realidad democrática en donde los partidos son el eje de la representatividad y, por ello, cualquier respuesta ciudadana que cuestione al sistema de partidos terminará de una u otra manera creando otra opción partidaria o negociando la participación denominada “independiente” en el marco de los propios partidos políticos. En todo caso, la demanda por una mayor ciudadanización de la política es fundamentalmente producto del desencanto democrático que viven países como México, en donde la falta de un cambio radical en el terreno económico y social, revive en algunos la añoranza por el pasado autoritario y, en otros, la idealización de la figura ciudadana independiente como la mejor apuesta para la Presidencia en el 2012.
El riesgo de las llamadas candidaturas independientes alejadas de los partidos, es la tendencia a idealizar a determinadas personalidades hasta convertirlas en alternativas mesiánicas capaces de resolver con su sola presencia los problemas del país. Así es como los propios partidos, ante la falta de cuadros políticos propios capaces de atraer el voto de los ciudadanos, manejan la figura del “candidato externo” como una forma de darle cabida a aquellos que desde fuera puedan proporcionarle el acceso al poder que sus propios liderazgos no les garantizan. La debilidad de las estructuras partidarias es lo que abre la puerta a ciudadanos no dispuestos a someterse a la disciplina y rigor de la vida de los partidos.
Así aparecen en el escenario político nacional los nombres de Juan Ramón de la Fuente y Alejandro Martí, entre otros, que más allá de su interés o no de participar en política, son buscados por los propios partidos para distintos puestos de elección popular. La reciente declaración de Felipe Calderón en torno a la posibilidad de tener un candidato ciudadano por parte del PAN en el 2012, genera expectativas que van más allá de los políticos panistas mencionados para contender por la silla grande. La ausencia de una legislación que permita a los ciudadanos lanzarse como candidatos fuera del marco partidario, convierte a estos individuos en materia de negociación para los partidos en donde unos y otros se necesitan mutuamente.
La propuesta para lanzar una alianza electoral en el Estado de México por parte del PAN y el PRD, pasa necesariamente por la candidatura ciudadana. Y es esto lo que complica notablemente la apuesta multipartidista, porque simplemente no hay una personalidad a la vista que pudiese satisfacer a ambos partidos y al mismo tiempo proyectarse como un candidato victorioso. A diferencia de Oaxaca, donde Gabino Cué fue un candidato de partido aceptado por los demás, en la entidad mexiquense no existe esta posibilidad y la única forma de hacer cuajar la alianza es encontrar a ese ciudadano reconocido por la sociedad del estado y que esté dispuesto a entrar al rudo juego de la política electoral y del propio ejercicio del poder en caso de ganar la elección.
Si bien las candidaturas ciudadanas pueden llegar a ser sanas en el marco de una democracia funcional, no pueden sustituir el juego de partidos que debe ser más abierto e incluyente para que la sociedad no añore pasados autoritarios y despóticos.
Analista político

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