Emilio Rabasa Gamboa / El Universal
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) nos informó que para julio de 2010, en México ya éramos 112 millones 322 mil 757 habitantes, de los cuales, 51.16% (57 millones 464 mil 459) son mujeres, y 48.84% (54 millones 858 mil 298) son hombres. Estas son las cifras preliminares del Censo de Población y Vivienda 2010.
Según la Oficina del Censo de los Estados Unidos, México ocupa el lugar número 11, en su lista de 227 países, por debajo de China (1,330 millones), India (1,173), Estados Unidos (310), Indonesia (242), Brasil (201), Rusia (139), Japón (126) y algunos otros más, pero superando a Alemania (82.2), Francia (64.7), Reino Unido (62.3), Italia (58) y España (46.5). Esto nos posiciona como una gran potencia demográfica a nivel mundial, pero la cantidad siempre conduce a la pregunta sobre la calidad.
Nuestros niveles educativos no soy muy alentadores. De acuerdo con el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), México ocupó el lugar 48 de entre 65 naciones en las áreas de lectura, matemáticas y ciencias. El 46% de los jóvenes tienen resultados insuficientes de aprendizaje al llegar a los 15 años; el propio INEGI indica que todavía hay un 7.6% de la población en nuestro país que, siendo mayor de 15 años, no sabe leer y escribir.
Más oscuro es el panorama laboral. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la tasa de desocupación de la población económicamente activa (PEA) se sitúa en un 5.7%, lo que representa casi 2.7 millones de desocupados según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo aplicada por el INEGI. Un comparativo de esta cifra indica que tenemos más porcentaje de desempleo que países como Japón (5.1%) o China (4.3%), cuyas economías son fuertes y se encuentran en crecimiento; pero es menor al de países de primer mundo como España (20.8%) Alemania (10%) y Estados Unidos (9.6%).
En cuanto al plano económico, si tomamos en consideración el PIB nominal por persona en México, de acuerdo con el l INEGI, se situó en 9 mil 657 dólares anuales, cifra que, aunque muestra una recuperación gradual respecto al año anterior, aún no logra alcanzar las cifras de a mediados de 2008, cuando rondábamos los 10 mil y 11 mil dólares anuales por cada mexicano. Pero lo grave es que, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política del Desarrollo Social, en 2008 había 47.2 millones de personas que tenían carencia en al menos uno de los siguientes rubros: educación, salud, seguridad social, calidad de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y alimentación, y este concepto se agrava para 2010, ya que de acuerdo con José Luis de la Cruz, director del Centro de Investigación de Economía y Negocios del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, en el país se estima que hay 50 millones de pobres, y de esa cantidad, más de 19 millones están en pobreza alimentaria.
En términos de migración, de acuerdo con el censo del INEGI, ahora el 76.9% de la población vive en localidades urbanas y 23.1% en rurales; cuando hace 100 años era precisamente lo contrario: el 71.3% de la población la que vivía en el campo y no en la ciudad. Esto ha propiciado que la zona metropolitana del Valle de México sea la tercera más grande en el mundo, sólo por debajo de Tokio, Japón; y Delhi India; pero superando a Sao Paulo en Brasil y a Bombay, India.
Hemos crecido en cantidad, pero no en calidad. Somos más pero no estamos mejor.
Logramos erradicar el enclave autoritartio en el campo electoral, y ahora tenemos elecciones creíbles y confiables, pero nuestra democracia dista mucho todavía de haberse consolidado. Como bien se indicó el día de ayer en el Congreso Mundial de Derecho Constitucional, que reunió a 700 participantes de 70 países en el Palacio de Minería, si antes viejas constituciones autoritarias enfrentaban a nuevos sistemas democráticos, ahora nuevas constituciones democráticas enfrentan a añejas y nuevas estructuras autoritarias conformadas por poderes fácticos.
Logramos establecer un sistema de protección de los derechos humanos, y el Constituyente Permanente aprobó una reforma al sistema penal mexicano en el 2008, pero todavía dista mucho de ser realidad, por lo que prevalece un sistema de justicia caduco, lento, corrupto y muy lejano al ciudadano común.
Al término del año Bicentenario estamos estancados entre el ayer y el mañana, entre una historia que todavía nos pesa y un futuro que no alcanzamos a visualizar para nosotros y nuestros hijos.
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) nos informó que para julio de 2010, en México ya éramos 112 millones 322 mil 757 habitantes, de los cuales, 51.16% (57 millones 464 mil 459) son mujeres, y 48.84% (54 millones 858 mil 298) son hombres. Estas son las cifras preliminares del Censo de Población y Vivienda 2010.
Según la Oficina del Censo de los Estados Unidos, México ocupa el lugar número 11, en su lista de 227 países, por debajo de China (1,330 millones), India (1,173), Estados Unidos (310), Indonesia (242), Brasil (201), Rusia (139), Japón (126) y algunos otros más, pero superando a Alemania (82.2), Francia (64.7), Reino Unido (62.3), Italia (58) y España (46.5). Esto nos posiciona como una gran potencia demográfica a nivel mundial, pero la cantidad siempre conduce a la pregunta sobre la calidad.
Nuestros niveles educativos no soy muy alentadores. De acuerdo con el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), México ocupó el lugar 48 de entre 65 naciones en las áreas de lectura, matemáticas y ciencias. El 46% de los jóvenes tienen resultados insuficientes de aprendizaje al llegar a los 15 años; el propio INEGI indica que todavía hay un 7.6% de la población en nuestro país que, siendo mayor de 15 años, no sabe leer y escribir.
Más oscuro es el panorama laboral. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la tasa de desocupación de la población económicamente activa (PEA) se sitúa en un 5.7%, lo que representa casi 2.7 millones de desocupados según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo aplicada por el INEGI. Un comparativo de esta cifra indica que tenemos más porcentaje de desempleo que países como Japón (5.1%) o China (4.3%), cuyas economías son fuertes y se encuentran en crecimiento; pero es menor al de países de primer mundo como España (20.8%) Alemania (10%) y Estados Unidos (9.6%).
En cuanto al plano económico, si tomamos en consideración el PIB nominal por persona en México, de acuerdo con el l INEGI, se situó en 9 mil 657 dólares anuales, cifra que, aunque muestra una recuperación gradual respecto al año anterior, aún no logra alcanzar las cifras de a mediados de 2008, cuando rondábamos los 10 mil y 11 mil dólares anuales por cada mexicano. Pero lo grave es que, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política del Desarrollo Social, en 2008 había 47.2 millones de personas que tenían carencia en al menos uno de los siguientes rubros: educación, salud, seguridad social, calidad de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y alimentación, y este concepto se agrava para 2010, ya que de acuerdo con José Luis de la Cruz, director del Centro de Investigación de Economía y Negocios del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México, en el país se estima que hay 50 millones de pobres, y de esa cantidad, más de 19 millones están en pobreza alimentaria.
En términos de migración, de acuerdo con el censo del INEGI, ahora el 76.9% de la población vive en localidades urbanas y 23.1% en rurales; cuando hace 100 años era precisamente lo contrario: el 71.3% de la población la que vivía en el campo y no en la ciudad. Esto ha propiciado que la zona metropolitana del Valle de México sea la tercera más grande en el mundo, sólo por debajo de Tokio, Japón; y Delhi India; pero superando a Sao Paulo en Brasil y a Bombay, India.
Hemos crecido en cantidad, pero no en calidad. Somos más pero no estamos mejor.
Logramos erradicar el enclave autoritartio en el campo electoral, y ahora tenemos elecciones creíbles y confiables, pero nuestra democracia dista mucho todavía de haberse consolidado. Como bien se indicó el día de ayer en el Congreso Mundial de Derecho Constitucional, que reunió a 700 participantes de 70 países en el Palacio de Minería, si antes viejas constituciones autoritarias enfrentaban a nuevos sistemas democráticos, ahora nuevas constituciones democráticas enfrentan a añejas y nuevas estructuras autoritarias conformadas por poderes fácticos.
Logramos establecer un sistema de protección de los derechos humanos, y el Constituyente Permanente aprobó una reforma al sistema penal mexicano en el 2008, pero todavía dista mucho de ser realidad, por lo que prevalece un sistema de justicia caduco, lento, corrupto y muy lejano al ciudadano común.
Al término del año Bicentenario estamos estancados entre el ayer y el mañana, entre una historia que todavía nos pesa y un futuro que no alcanzamos a visualizar para nosotros y nuestros hijos.
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
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