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En
la entrega que haga el presidente Felipe Calderón de la administración
del Poder Ejecutivo federal, deberá exigírsele el endoso del amuleto que
a su vez recibió del presidente Vicente Fox: es el amuleto de la buena
suerte para el precio del petróleo. Esta variable ha sido determinante
para el resultado que han tenido las finanzas públicas en las dos
administraciones del PAN.
A su vez, a dicho amuleto podríamos
responsabilizarlo de haberle quitado los acicates a los incentivos para
emprender reformas. El precio del petróleo, en este gobierno que está
por terminar, y tanto el precio como la expansión de la plataforma de
producción en el gobierno presidido por Fox fueron factores que no se
vieron desde la administración del presidente Miguel de la Madrid (1983)
hasta el final de la del presidente Zedillo (2000).
Con los ajustes por
inflación, el promedio de las cotizaciones observadas a precios de 2011
por administración fue de: 36.6 dólares por barril (dpb) con el
presidente De la Madrid (1983-1988); 23 dpb con el presidente Salinas
(1989-1994), y 22.50 dpb en la de Zedillo (1995-2000). En contraste,
durante la administración de Fox (2001-2006) la cotización de la mezcla
mexicana de exportación promedió 37.1 dpb, y en lo que va de Calderón
(2007 a junio 2012) de 79.47 dpb.
Cabe destacar que durante la
administración de Miguel de la Madrid, precisamente por la inestabilidad
macroeconómica que le heredó la administración de López Portillo y el
entorno internacional desfavorable, los altos intereses de la deuda
pública devoraron la mayor parte del presupuesto público. Ahí sufrimos
las consecuencias que provocan los excesos de las políticas fiscales y
monetarias que, al dejar sin márgenes de maniobra al gobierno, golpearon
el patrimonio e ingreso de los hogares.
Por lo que respecta a
producción de petróleo, le correspondió a la administración de Fox
extraer volúmenes históricos. En dicho sexenio la producción de petróleo
crudo promedió 3.275 millones de barriles diarios (mbd), y alcanzó un
máximo de 3.455. Recordemos que fue principalmente el yacimiento de
Cantarell, de donde se extrajo el aumento, y al cual se le llevó a
producir por arriba de los 2 mbd. Este comportamiento en los precios y
producción ha hecho que las finanzas públicas o, mejor dicho, la
hacienda pública del Estado mexicano sea adicta a los ingresos por
hidrocarburos.
Los tres órdenes de gobierno, el federal, estatal y
municipal, al carecer de la recaudación de impuestos para sufragar el
gasto normal de operación hacen uso de los ingresos petroleros. Durante
estos dos últimos sexenios los derechos sobre hidrocarburos llegaron a
representar alrededor de 30 centavos por cada peso que ingresó en la
Tesorería de la Federación. En el 2008 fueron casi 45 centavos de cada
peso. Si bien la petrodependencia ocasiona una pérdida de estabilidad en
el ejercicio del gasto por la volatilidad de las cotizaciones, lo más
trágico es el uso que se da a los ingresos que provienen de vender
activos. En este caso el pecado del Estado mexicano es el de destinar
las reservas petroleras para sufragar el consumo. Contrario a lo que
establece nuestra Constitución, que los mexicanos debemos “contribuir
para los gastos públicos, así de la Federación, como del DF o del estado
y municipio en que residan, de la manera proporcional y equitativa que
dispongan las leyes” (fracción IV del artículo 31), usamos la renta
económica del petróleo para no incomodar a quienes hoy se benefician de
las exenciones, regímenes especiales, tasas diferenciadas, subsidios en
la gasolina, por citar sólo unos casos.
Por esta razón y la de hacer a
México un país más equitativo y sin pobreza, la reforma de la hacienda
pública es una prioridad de Estado. Es tiempo de dar esperanza de un
mejor futuro.
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sábado, 11 de agosto de 2012
PRECIO DEL PETRÓLEO: LA SUERTE DEL PAN EL PRI LA DESEARÁ
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