sábado, 11 de agosto de 2012

LO MÁS IMPORTANTE ES EL GASTO


Guillermo Knochenhauer / El Financiero
La reforma hacendaria vuelve a ser tema de atención de las fuerzas políticas y hasta de las empresariales del país, entre otras razones porque las promesas de campaña de Enrique Peña Nieto suponen una fortaleza fiscal que no existe.
Todo mundo está de acuerdo en la necesidad de hacer arreglos a la hacienda pública, pero no en dónde poner énfasis y ser más estricto, si en el lado de los ingresos o del gasto.
Hay que tomar en cuenta que durante el gobierno de Felipe Calderón, igual que en el de Fox, hubo ingresos extraordinarios por altos precios del petróleo y por endeudamiento que sólo sirvieron para que la deuda y el gasto público crecieran más que el empleo y la economía.
Significa que aunque los ingresos son insuficientes, el problema principal está en la ineficaz asignación del gasto. Las causas de esa ineficacia van desde la falta de brújula de las políticas públicas, que conduce a grandes desperdicios, a la opacidad con que se asignan recursos en la que se esconde demasiada corrupción.
La salud fiscal de la economía depende de la armonía con que se muevan el PIB, el gasto público y la deuda. Si el gasto y el endeudamiento crecen más que el PIB, la situación es mala.
Así ha caminado el gobierno durante los últimos 12 años. Tanto el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) como los requerimientos financieros para cubrir la deuda pública total han crecido más rápidamente que el PIB.
El PEF creció en 187 por ciento de 2000 a 2011, los requerimientos financieros lo hicieron en 167 por ciento y el PIB sólo aumentó 120 por ciento. Es decir, los últimos dos gobiernos han elevado su gasto a partir de mayor endeudamiento, no de mayores ingresos.
Para elevar el gasto público más allá de lo que le permitían los ingresos fiscales, el gobierno de Calderón recurrió a un endeudamiento que ha crecido más rápidamente que cualquier otro factor económico, lo cual compromete la supuesta salud macroeconómica de su gobierno.
En 2006 la deuda pública equivalía al 18.4 por ciento del PIB y en marzo de 2012 ya era equivalente al 33.1 del PIB (23 por ciento deuda interna, 10.1 por ciento externa), según las cuentas de la Secretaría de Hacienda.
Las cuentas del Banco de México incluyen otros pasivos, como los del Fobaproa-IPAB, el IMSS, los de Pemex y llega a un "Saldo de los Requerimientos Financieros" que a junio de 2011 equivalía al 35.4 por ciento del PIB, 600 mil millones de pesos más de lo que reconoce Hacienda.
El hecho es que el gobierno de Calderón -y el de Fox- contó con recursos extraordinarios del petróleo, con los del endeudamiento y hasta con ganancias por variaciones en la paridad monetaria, y la economía familiar y del país permaneció en un virtual estancamiento.
Un resultado es que la mitad de los mexicanos padece algún grado de pobreza y una cuarta parte sufre pobreza extrema.
El próximo gobierno federal administrará un gasto de 3.7 billones de pesos el primer año. Podría contar con ingresos más sanos si reduce la evasión y los privilegios fiscales, pero sobre todo tendrá que evitar desperdicios y corrupción.
La asignación de los recursos depende del proyecto país que le dé sentido a las políticas sectoriales. Lo conveniente sería superar la perspectiva de que el país no tiene mejor destino que su plena integración a Estados Unidos, pero ese es otro tema.
Si hubiera voluntad de corregir desperdicios y corrupción, se podrían ahorrar cientos de miles de millones de pesos. El ingeniero José Luis Apodaca Villarreal, miembro fundador del Observatorio Ciudadano de la Energía, A.C., ha identificado varios rubros en Pemex y CFE que representan un potencial de ahorro de 316 miles de millones pesos anuales (www.energia.org.mx/tag/jose-luis-apodaca).
Cito sólo dos: la deuda de CFE y de Pemex contratada bajo el esquema Pidiregas, a tasas anuales de 12.5 por ciento. Si se renegociara esa deuda con créditos al 5 por ciento anual, habría un ahorro de 120 mil millones de pesos al año.
Cada año, dice el ingeniero Apodaca, Pemex asigna contratos a empresas en su mayoría extranjeras por 270 mil millones de pesos. Él estima en 20 por ciento el cohecho sobre el costo de las obras. Para eliminarlo, con un ahorro anual de 54 mil millones de pesos, bastaría referir los contratos a las cotizaciones internacionales para evitar, por ejemplo, que en la perforación de cada pozo de gas natural en la Cuenca de Burgos, las transnacionales le cobren a Pemex el doble de lo que se paga en Texas.
Hay mucho más de dónde recortar desviaciones del PEF y muchas posibilidades de convertirlo en palanca de inversiones públicas y privadas, con equilibrio entre gasto, endeudamiento, crecimiento y estabilidad de precios. Ninguna reforma hacendaria será eficaz si no se pone el acento en el destino del gasto.

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