John Bailey (*) / El Universal
La semana pasada, el presidente Felipe Calderón informó en la Cuarta Reunión del Consejo Nacional de Seguridad Pública que la incidencia de homicidio doloso disminuyó 7% en el primer semestre de 2012 en relación con el primer semestre de 2011. La incidencia de los homicidios relacionados con el crimen organizado, dijo, cayó 15% durante el mismo periodo.
El Presidente expresó su esperanza de que estas
tendencias prometedoras podrían indicar el comienzo de importantes
mejoras en la seguridad pública en el futuro. Sin embargo, el anuncio
del Presidente fue recibido con escepticismo por algunos críticos, que
dudaban de la exactitud de los números o la interpretación que de éstos
hacía el Presidente, o ambas cosas.
Éste es un típico intercambio público acerca de la
exactitud de las estadísticas del crimen y los efectos de las políticas
públicas para influir en el comportamiento criminal. Con la mala
información y confusión, el público culpa al gobierno cuando las
estadísticas del crimen empeoran, y los gobiernos, en medio de la misma
confusión, felizmente cantan victoria cuando las estadísticas del delito
muestran una mejoría. A menudo no hay relación evidente entre las
políticas públicas y las tendencias del crimen.
Lo interesante es que la información y las estadísticas
relacionadas con la criminalidad parecen menos precisas que la
información de otros campos. Cuando el Banco de México, por ejemplo,
informa que la inflación en un determinado trimestre se mantuvo estable,
su informe es generalmente aceptado. No es así en el caso de la
seguridad pública y las estadísticas del delito.
Hay dos razones básicas para el escepticismo acerca de
las estadísticas del crimen. La primera es que la delincuencia en México
está muy politizada. El gobierno y el partido en el poder se sienten
motivados a reportar cifras optimistas y la oposición y partes de la
sociedad civil se sienten motivados a refutarlas. El público no sabe qué
creer y no puede participar de manera constructiva en el debate.
La segunda razón es que las estadísticas del crimen son
técnicamente difíciles de definir y el aparato administrativo
distorsiona los números con los que tratan. Considérese, por ejemplo, un
caso típico: dos sujetos armados roban un banco. Secuestran a un
empleado y roban un coche para hacer su escape. Durante la fuga el
empleado está herido. La historia continúa, lo que resulta en una docena
de diferentes delitos. ¿Cuáles de éstos serán reportados?
La selección de crímenes que se debe informar depende
del aparato administrativo, la policía, el Ministerio Público y sus
procuradurías. El mismo conjunto de crímenes podría ser reportado de
maneras diferentes, porque diferentes jurisdicciones definen los
crímenes de otra forma, utilizan diferentes metodologías y diferentes
procedimientos administrativos.
Bogotá se enfrentó a una situación similar de
información confusa producida por diferentes organismos. Para solucionar
esto el entonces alcalde, Antanás Mockus, presentó el Sistema Unificado
de Información de Violencia y Delincuencia para coordinar la
presentación de informes por los diferentes organismos. Un paso
relacionado fue la difusión de los datos de la forma más rápida y amplia
posible. Con el tiempo, el público llegó a comprender y confiar en los
datos y a mejorar el debate público.
Si la situación de la mala información es verdadera en
una ciudad o país, la información de la delincuencia es inexistente o
inexacta cuando tratamos de comparar entre países. Las comparaciones
sirven porque tratamos de aprender qué tipos de políticas públicas
pueden reducir o prevenir el delito.
Afortunadamente, varios organismos internacionales
están apoyando un nuevo esfuerzo conjunto para mejorar la recopilación
de datos. El Sistema Regional de Indicadores Estandarizados de
Convivencia y de Seguridad Ciudadana, con sede en la Universidad del
Valle, en Cali, Colombia, es un gran esfuerzo para estandarizar y
recopilar datos sobre la seguridad pública de 15 países y dos ciudades
importantes. El INEGI es uno de los instituto participantes. Los datos
que se están reuniendo permitirán hacer comparaciones entre países, para
que "hurto", por ejemplo, signifique lo mismo en Chile y Brasil.
Esto puede no parecer mucho al público, pero es muy
importante. La buena información es el primer paso hacia el debate
público productivo. El siguiente paso es un aparato administrativo que
reporte la información con precisión.
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