Salvador Camarena - Sonora Presente
El boulevard de los sueños rotos en las elecciones de fachada en México topó con pared el 6 de julio de 1988. La farsa del priismo quedó desnudada sin remedio la noche que se cayó el sistema. A partir de entonces, la figura del consejero electoral independiente hizo creer que la confianza sería posible. Ahora esa invención está condenada de muerte….
En 1988, México no podía saber que el Muro de Berlín estaba destinado a caer el año siguiente cambiando el orbe. En contraste, el viento de democracia que ese año soplaba en la nación mexicana no solo venía desde fuera del sistema: el PRI había sufrido un cisma con la salida poco antes de quienes integraban la Corriente Democrática, a la cabeza de ellos Cuauhtémoc Cárdenas, candidato en esa elección.
Así la cita electoral fue la más esperada en décadas. La fuerza de la derecha encabezada por Manuel J. Clouthier, la izquierda más radical por doña Rosario Ibarra, y Cárdenas, que terminaría sumando los votos del también ingeniero Heberto Castillo, plantaron cara a un joven candidato del priismo de nombre Carlos Salinas que prometía una renovación modernista más allá de lo generacional.
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