Jorge Zepeda Patterson - Milenio
La pretensión de hacerse de Groenlandia por las buenas o por las malas, exigir 50 millones de barriles a Venezuela como botín de guerra y asesinar a tripulantes de lanchas rápidas al otro lado del continente por mera presunción, comienzan a convertirse en la nueva normalidad en Washington. La gran pregunta es cómo vamos a impedir que se conviertan en la nueva normalidad para el resto del mundo, más allá de declaraciones indignadas y rasgadura simbólica de vestiduras.
El próximo 20 de enero Trump cumplirá un año en el poder y le restan tres más. El peor escenario, bastante probable, es que estas acciones del mandatario, que parecerían inconcebibles hace apenas un año, sean superadas por manotazos y arbitrariedades que parecerían inconcebibles hoy en día. Una vez que la enorme fuerza económica y militar de Estados Unidos se pone a los pies de los caprichos y delirios de grandeza de un narcisista de inmenso poder, no existen límites, porque dependen de un hombre que, a su vez, carece de límites.

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