lunes, 5 de enero de 2026

Petroimperio

Denise Dresser - Sonora Presente

Lo ocurrido en Venezuela no es una operación quirúrgica para rescatar la democracia. Es un regreso sin ambages al imperialismo petrolero que América Latina conoce demasiado bien. Donald Trump no actuó movido por la libertad, la justicia ni el sufrimiento de los venezolanos. Actuó por petróleo y por poder. Desde la Casa Blanca no se ha tenido pudor alguno. Trump declaró que Estados Unidos controlará Venezuela durante un periodo indefinido y que recuperará sus intereses petroleros. No habló de acompañar una transición democrática, sino de administrar un botín.

Venezuela posee 303 mil millones de barriles de petróleo, alrededor de 17% de las reservas probadas del mundo, más que Arabia Saudita. A precios actuales -alrededor de 57 dólares por barril- ese petróleo vale 17.3 billones de dólares. Incluso vendiéndolo a la mitad de su valor, seguiría siendo una riqueza cercana a 8.7 billones: más que el PIB de cualquier país del mundo, salvo Estados Unidos y China. El secuestro de Maduro es saqueo con discurso geopolítico.

Trump jamás ha ocultado su obsesión. Desde hace años repite: “take the oil”. Las acusaciones de narcotráfico, las violaciones a derechos humanos o la migración sirven como pretextos. Instrumentos retóricos. Lo central es el petróleo y la posibilidad de imponer un gobierno más maleable a los intereses estadounidenses, a los de Trump, su familia, sus aliados y el capitalismo de cuates que lo rodea.

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