Claudio Ochoa Huerta - Sonora Presente
Unos días antes de ser retirado voluntariamente a fuerza como fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero le hizo llegar a la presidenta Sheinbaum varias carpetas con investigaciones de personajes de primer nivel no solo de la oposición, sino de figuras cercanísimas al oficialismo, pero destacó una: la que contenía información sobre un entramado de presunta corrupción encabezado por el exministro Arturo Zaldívar y su conocida mano derecha, Carlos Alpizar. En los documentos aparece la complicidad con constructores y desarrolladores para hacerse de propiedades en la Ciudad de México, el Estado de México y Guerrero, a través de disputas comerciales y herencias. También se enlistaron las reuniones supuestamente privadas con miembros de lo que antes era “la mafia del poder” y que hoy sacarían ámpulas.
Según las fuentes, la presidenta revisó la carpeta y con ello terminó por reconfirmar que Zaldívar no podía siquiera acercarse a la lista de candidatos a la fiscalía. No es gente de ella, sino de López Obrador, sí tienen relación y comunicación, pero lo utiliza lo menos posible, aprecia lo que sabe, pero no su ética. La última mosca en el pastel llegó al enterarse que el propio Alpizar echó a andar una campaña en medios y periodistas afines para empujar a Zaldívar, a pesar de la existencia de una decena de audios comprometedores sobre él.
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