Carlos Elizondo - El Siglo de Torreón
El primer tren de alta velocidad se inauguró en Japón en 1964. Hoy tiene más de 3 mil kilómetros de líneas férreas. No ha tenido un solo accidente mortal. Más de 10 mil millones de pasajeros lo han usado. En el "incidente ferroviario" (como lo llamó la Marina inicialmente) del Ferrocarril Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (FIT) la mitad de las 250 personas que iban a bordo murieron o resultaron heridas.
En una lógica nacionalista agachona, México no se puede comparar con Japón, pero tampoco con América Latina. En este siglo, varios países de la región han expandido su red ferroviaria. En las líneas nuevas o renovadas se tienen registrados únicamente dos accidentes con víctimas mortales en trenes de pasajeros: el del domingo pasado y uno en Chile en 2024 con dos fallecidos. En este mismo siglo, el accidente más letal de un Metro en América Latina y el segundo en el mundo, es el de la Línea 12.
Los accidentes y la inutilidad de la infraestructura desarrollada por AMLO revelan algunos de los peores rasgos de los gobiernos de Morena: el capricho y la improvisación. Desde su prejuicio antitecnocrático, no tiene gran ciencia extraer petróleo y se puede cancelar un aeropuerto rigurosamente planeado por uno improvisado, lejano y complicado de operar simplemente porque a AMLO le latió. La producción de Pemex sigue a la baja y el AIFA funciona a alrededor del 35 por ciento de su capacidad, mientras que el AICM mostrará, una vez más, su saturación e inoperancia en el Mundial.
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