Carlos Ramírez - El Independiente
A partir del criterio de que el Tratado es un instrumento clave para las economías de México y Estados Unidos, en los hechos solo se están revisando los objetivos no comerciales: la Casa Blanca busca amarrar a Palacio Nacional a los objetivos de seguridad nacional trumpiana y México sólo aspira a seguir en el furgón de cola.
El presidente Trump y la presidenta de Sheinbaum Pardo tienen muy claro que no existe una alternativa al mecanismo de comercio exterior del Tratado, que no se puede inventar en el corto plazo y que Washington sigue teniendo la sartén por el mango y por eso está llevando al absurdo económico de un acuerdo comercial antiarancelario con mecanismos arancelarios redivivos qué van a afectar a México.
Los dos países saben que el Tratado negociado en 1986-1994 –desde el ingreso de México al GATT hasta el Tratado como tal que inició el 1 de enero de 1994– ya no funciona para los objetivos originales que diseñaron las estructuras existentes entonces, pero que una reorganización total implicaría otro esfuerzo de otros cinco años o más de negociaciones que ninguno de los dos países tiene.

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