Mario Maldonado . Sonora Presente
Cuando asumió la presidencia de México, Claudia Sheinbaum heredó el enorme desafío de conducir el proyecto de la 4T bajo la sombra de Andrés Manuel López Obrador. Doce meses después, la Presidenta ha comenzado a imprimirle sello con decisiones que van desde combatir el contrabando de combustibles y el huachicol fiscal, hasta marcar límites a las Fuerzas Armadas y entregar el control de la inteligencia civil y financiera a su hombre fuerte, Omar García Harfuch. No obstante, la reforma político-electoral que anunció hace unas semanas y confirmó este 1 de octubre –muy emblemático para ella– significará el verdadero parteaguas de su gobierno y su apuesta política.
La reforma de su autoría no solo pretende eliminar a los diputados y senadores plurinominales, sino acabar con el fuero constitucional que durante décadas blindó a legisladores frente a la justicia. Se trata de un movimiento que combina simbolismo y poder. Por un lado, golpea a los “aviadores” de la política que han hecho carrera a la sombra de las listas de los partidos, y por otro sacude las bases de una tradición que permitió a muchos evadir la justicia. “La Presidenta no tiene fuero, pues tampoco deberían tenerlo los diputados y senadores”, sentenció ayer, con lo que envió una señal inequívoca a aliados y opositores.
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