martes, 7 de octubre de 2025

La prudencia fiscal se juega en Dos Bocas

Samuel García - El Sol de México

El financiero de Pemex. Hacienda ha apostado miles de millones de dólares en deuda con la esperanza de que proyectos como este generen resultados, pero se trata de una apuesta tan ambiciosa como arriesgada.

En lo que va de este año, Hacienda ha respaldado a Pemex con emisiones jumbo de bonos soberanos, notas precapitalizadas y refinanciamientos por más de 25 mil millones de dólares, a un alto costo financiero (en tasas y comisiones). Todo bajo el argumento de mantener la confianza de los inversionistas y evitar un impago que golpearía la calificación crediticia del país.

El problema es que ese apoyo no puede extenderse indefinidamente. La deuda total de Pemex, incluyendo proveedores, suma alrededor de 120 mil millones de dólares, con vencimientos concentrados entre 2025 y 2027, y sin un flujo operativo que garantice el pago. La deuda no está desapareciendo: está cambiando de nombre, desplazándose gradualmente hacia el balance de las finanzas públicas.

Hacienda ha hecho explícita su estrategia: sostener a Pemex hasta que “pueda financiarse solo”. Rodrigo Mariscal, economista en Jefe de la dependencia, nos lo dijo sin rodeos: el apoyo continuará “hasta que la empresa pueda refinanciarse por sí misma”, incluso más allá del 2027. Pero ese objetivo luce distante. La petrolera enfrenta una producción declinante —cayó a 1.37 millones de barriles diarios en agosto—, costos crecientes y fallas eléctricas en Dos Bocas, donde la falta de planeación energética ha paralizado operaciones y exhibido el desorden estructural del proyecto estrella del sexenio.

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