- Quien redactó el polémico artículo y quienes lo avalaron no parecen demasiado interesados en proteger a sus dos amos: el pueblo y el Poder Ejecutivo
Vanessa Romero Rocha - El País
La reforma a la Ley de Amparo fue aprobada por la Cámara de Senadores. Tiempo pretérito.
Corregida en sus excesos más inquietantes, la norma sigue arrastrando un huésped incómodo, un invasor ausente de los planos originales: el misterioso transitorio.
Aquella sesión del Senado —congelada el pasado miércoles por la noche— puede mirarse como un simple yerro o como la fractura donde asoman los sedimentos del desgaste. En él caben sorpresas y algunas confirmaciones.
Que en el texto final de la reforma se hayan respetado cambios sustanciales sugeridos en los foros públicos es, para el partido en el poder, una rareza. Extravagante anomalía. Ocurrió en puntos clave como el interés jurídico y en la eliminación de la imposibilidad de cumplimiento del amparo.
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