lunes, 13 de octubre de 2025

Herencia negativa

Por: Isaac Katz - El Economista

No hay mejor ejemplo del egoísmo altruista que la inversión que hacen los padres en el capital humano de los hijos a través del gasto en alimentación, educación y salud.

Estas acciones a favor de los hijos son un acto egoísta en el sentido de que los padres derivan satisfacción y aumentan su nivel de bienestar subjetivo (en el léxico de teoría económica aumenta su nivel de utilidad) en la medida de que el bienestar de los hijos también aumente. Simultáneamente, también son un acto altruista porque los padres no esperan que sus hijos les repaguen en el futuro la inversión que hicieron en ellos, a pesar de que, por haber destinado recursos a su inversión en capital humano, hayan sacrificado consumo propio. Estos actos egoístas/altruistas pueden, inclusive, continuar aún después de que los hijos hayan terminado su educación formal.

Por otra parte, habiendo ya realizado esa inversión en los hijos, los padres tienen que programar un patrón de gasto futuro tal que, cuando mueran, lo único que quede como remanente sea lo suficiente para pagar los gastos funerarios, es decir, no dejar ninguna herencia. Es posible, sin embargo, que mueran antes de haberse gastado todo o que algunos decidan gastar menos y, de esa forma, dejarles a sus hijos una herencia positiva, sea en bienes raíces, joyas, obras de arte o financiera.

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