Samuel García - El Sol de México
La inflación que le pega al bolsillo de la mayoría de la gente no está bajo control. Los precios de los alimentos se incrementan más que la inflación general y eso amenaza con deteriorar los niveles de pobreza en el país, especialmente de los pobres extremos.
El valor de la canasta alimentaria urbana, que mide lo mínimo necesario para cubrir una dieta básica, llegó a 2,454.74 pesos mensuales por persona, un alza de 4.7% anual, muy superior al 3.8% de la inflación general, según las líneas de pobreza publicadas ayer por el INEGI. Comer se ha vuelto más caro que vivir.
Mientras el índice general subió a 3.76% anual, los precios de alimentos, bebidas y tabaco se dispararon 5.34% en septiembre, acumulando diez meses consecutivos de incrementos y su mayor nivel en 20 meses. Mientras que los productos pecuarios volvieron a ser los más castigados, con una inflación de 8.45% anual, después del 8.35% de agosto. El impacto no es menor: los alimentos representan la mitad del gasto total de los hogares más pobres, y cada aumento erosiona su capacidad de subsistencia.
El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) subraya una paradoja: mientras los precios internacionales de las materias primas bajan, los precios finales en México siguen subiendo. Efectivamente, por una oferta abundante, el precio del trigo ha caído en los mercados internacionales, pero el pan dulce, el pan, las pastas y las galletas aumentaron de precio. El maíz también se abarató, pero la tortilla, base de la dieta, subió 5.7% en tortillerías, según el GCMA.
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