Carlos Ramírez - El Independiente
Foto Cuartoscuro
Una errática estrategia de comunicación social de Palacio Nacional y las indecisiones para gestionar la muy delicada agenda presidencial de final del primer año de gobierno y el inicio del segundo siguen contaminando el caso del senador morenista Adán Augusto López Hernández y el apoyo abierto del presidente emérito Andrés Manuel López Obrador para empañar el escenario de la semana decisiva en que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo debería de tener el espacio mediático exclusivo a su servicio para fijar su agenda presidencial.
Lo que queda de este escenario político conflictivo e inestable es la percepción de que la agenda política del presidente emérito está infectando la agenda política de la presidenta en funciones y que las ambigüedades gubernamentales respecto a la corrupción, a las investigaciones y amenazas de que no habrá impunidad de alguna manera le restan espacio político primordial a las prioridades fundamentales de Palacio Nacional para el inicio del segundo año de la administración.
El caso del senador Adán Augusto estalló en la sociedad mediática y política, se apoderó de los espacios en prensa crítica diaria y acaparó los ritmos de la conversación digital, pero con la circunstancia agravante de que no fue una iniciativa del Gobierno de la presidenta Sheinbaum sino que se dio como consecuencia de una filtración en Estados Unidos sobre los problemas del huachicol gasolinero y del huachicol fiscal y la respuesta gubernamental fue ambigua y dejó entrever indicios interpretativos –pero no reales– de que esos temas estarán formando parte de un deslindamiento transexenal natural que ocurre con quien tiene la titularidad del Poder Ejecutivo en funciones respecto a su antecesor en la coyuntura determinar el primer año de gobierno e iniciar el segundo.

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