- El combustible que entró de contrabando durante el gobierno de López Obrador tuvo múltiples utilidades, además de entregarle a los altos mandos de las Fuerzas Armadas dinero que no dejaba huella.
Estrictamente Personal
Raymundo Riva Palacio - El Financiero
No pasó desapercibido que en el discurso político del domingo pasado, para celebrar su primer año de gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum ensalzara lo hecho por su predecesor Andrés Manuel López Obrador, y callara el principal logro de su joven administración: el desmantelamiento de una red de corrupción incrustada en lo alto de la Secretaría de Marina y de Aduanas, con la complicidad de empresarios mexicanos y estadounidenses en el contrabando de diésel, que se conoce coloquialmente como huachicol fiscal.
Este tema, ciertamente, es muy delicado para el gobierno actual porque este delito nació en el gobierno anterior –el de López Obrador–, mentor de la presidenta. No escapa tampoco que la investigación sobre el huachicol fiscal, que comenzó con el aseguramiento de un barco en Altamira a mediados de marzo, se encuentra aparentemente estancada. Mejor no seguir buscando, que seguir encontrando.
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