Carlos Ramírez - El Independiente
Quieren las circunstancias políticas que a veces se perfilan como espacios estratégicos que la visita oficial del secretario estadounidense de Estado coincida con el septiembre mexicano que recuerda buena parte de las luchas históricas por su soberanía y sobre todo la batalla del 13 de 1847 contra el invasor estadounidense que colocó la bandera americana en Palacio Nacional y consiguió en el castillo de Chapultepec los Tratados de Guadalupe Hidalgo que le arrebataron a México más de la mitad de su territorio para anexarlo al naciente imperio estadounidense.
Con rango de irregular visita de Estado, Rubio será recibido en Palacio Nacional por la presidenta de México, cuando los protocolos diplomáticos señalan la equidistancia de rangos similares entre miembros del gabinete de las dos naciones. Pero por tercera ocasión –luego de las negativas a la secretaria de Seguridad Interior y a la secretaria de Justicia, las dos de la Casa Blanca–, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reiterará la negativa de México a permitir la entrada de tropas regulares de Estados Unidos a México para perseguir y destruir a los cárteles del narcotráfico.
Lo que están exigiendo el presidente Trump y sus emisarios plenipotenciarios –el secretario de Estado, el subsecretario con rango inexistente de vicesecretario y el embajador como subprocónsul– es que México de manera sencilla viole la Constitución que regula su existencia porque allí se encuentran el mandato de defensa de la soberanía interna y externa solo por fuerzas de seguridad estrictamente mexicanas.

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